Tendrán respeto a mi hijo

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Homilía 5 octubre 2015: Tendrán respeto a mi hijo

La imagen de la viña, que hilvana las lecturas de hoy, es una figura recurrente en la Biblia para referirse al Pueblo de Dios (tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo).

El pueblo de Israel defraudó las expectativas que el Señor había puesto sobre él (1ª lectura). A los cuidados que había recibido no correspondió con frutos, de “lo que es verdadero, noble, justo, puro” (2ª lectura). Es más, despreció a los profetas que el Señor fue enviando, lo mismo que matarán a su propio Hijo, Jesús (Evangelio). Ello, en los planes de Dios, es la ocasión para que la salvación se abra a todos los pueblos.

La historia de Israel puede ser el espejo de nuestra propia vida, personal y eclesial. Conviene que recordemos lo que Dios ha ido haciendo por nosotros, tanto en los grandes hitos de la Historia de la salvación, como en nuestra historia más cercana y cotidiana. La fe comienza como una memoria agradecida al amor que Dios nos tiene y nos ha manifestado. El agradecimiento se expresa correspondiendo por nuestra parte: amor, con amor se paga, que dice el refrán.

¿Soy consciente, agradecido por lo que el Señor ha hecho y hace por mí, por la Iglesia, por el mundo? ¿de qué aspectos o hechos concretos he de pedirle perdón por no corresponderle debidamente? ¿qué frutos espera el Señor  de mí, de nosotros?

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,33-43):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?» Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra del Señor

 

 

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