Homilía día de la Virgen del Pilar: Vosotros sois mi corona
Homilía Virgen del Pilar, 12 de octubre de 2014: Vosotros sois mi corona
Pilar, manto y corona forman la imagen completa de nuestra Virgen del Pilar.
San Pablo les dice a los Filipenses “Hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona” (4, 1). El año pasado se cumplió el centenario de la Coronación de la Virgen del Pilar, con este lema: “Vosotros sois mi corona”.
o El valor material de la Corona de la Virgen del Pilar, es decir, estético, emblemático o incluso económico puede ser grande o pequeño. Pero el verdadero valor de la Corona, la verdadera corona, para bien o para mal, somos sus devotos.
o La corona es lo que identifica a la Virgen como reina, tal como la invocamos repetidamente en las letanías del rosario.
- María reinará en la medida en que el Reino que su hijo Jesús anunció e inauguró se vaya extendiendo entre nosotros; en la medida en que reine en nuestros corazones y en el corazón de nuestra sociedad.
o Coronar significa también alcanzar una cima, culminar una obra. Seremos corona de la Virgen del Pilar en la medida en que realicemos en nuestra vida el mensaje y el estilo de vida de Jesús.
- Unos admirarán y ponderarán la corona y los mantos de tela y de flores de la Virgen; otros los cuestionarán; seguramente unos y otros tendrán parte de razón cada uno. Lo que no cabe duda es que la corona y orgullo de la Virgen sería una Iglesia y una sociedad según el corazón de Dios.
Por otra parte, somos siempre una corona no acabada; nunca se acaba de coronar nuestra obra:
o Hay tantas situaciones injustas que persisten, tantas personas que necesitan ayuda, tantas leyes que cambiar…
o Nuestros antepasados llevaron la fe cristiana al Nuevo Mundo descubierto más allá del océano Atlántico. Por eso invocamos a la Virgen del Pilar como reina de la Hispanidad. Hoy son ellos mayoritariamente los que desde Centro y Sudamérica envían sacerdotes a nuestras diócesis e inmigrantes que nutren nuestras catequesis, nuestras eucaristías. La obra de la evangelización no está acabada; más bien, dos mil años después de empezar, está en sus comienzos. Sólo uno de cada siete humanos que puebla nuestra Tierra está bautizado; y muchos de los bautizados no viven (vivimos) como tales.
La corona de la Virgen, su orgullo, son los pobres. Así lo proclama ella en el cántico del Magníficat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque ha mirado la humillación de su esclava”. El mismo Señor que “derriba de trono a los poderosos y enaltece a los humildes, que a los hambrientos colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”.
o Así le reconoce el papa Francisco en su Exhortación Evangelii Gaudium:
- “Estrella de la nueva evangelización,
ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión,
del servicio, de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz”.
Hoy, como los rayos de su corona, la Virgen irradia para nosotros «fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor”. Hoy, como en cada tiempo, la Virgen nos acompaña en nuestra vida personal y colectiva, alimentando nuestra fe frente al relativismo y escepticismo ambiental; asegurando nuestra esperanza en estos tiempos de crisis y desencanto a tantos niveles; dándonos motivos para seguir amando, pues es la única salida para el ser humano y para nuestra sociedad.
Que nuestras obras por amor a Dios y al prójimo sean las piedras preciosas que den esplendor a la corona que adorna a nuestra Virgen del Pilar. QAS.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,27-28):
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
Palabra del Señor

