Homilía Domingo 12 de noviembre

  • Vivimos tan atareados, que sólo atendemos a lo inmediato.
    • Los acontecimientos se suceden a tal velocidad que el futuro nos queda como algo demasiado lejano.
    • Nuestras opciones parecen todas sujetas a la provisionalidad: hoy te quiero y mañana ya veremos.
    • Donde todo parece cambiar, resulta difícil mantenerse uno en sus opciones, en sus compromisos, en sus responsabilidades.
  • Jesús nos alerta con la parábola de las 10 vírgenes.
    • El novio, con sus amigos, va a buscar a la novia a su casa, acompañada de sus amigas. A partir de ahí se formaba un solo cortejo que iba a casa del novio, donde se celebraba el matrimonio y donde se tenía el banquete nupcial.
    • Resulta que de las 10, 5 fueron previsoras y tuvieron aceite suficiente, a pesar de que el novio tardaba. Las otras 5 (necias, insensatas), no.
  • Con ella Jesús nos invita a estar preparados, atentos; a que no se nos acabe el aceite de nuestra fidelidad y perseverancia
    • Es relativamente fácil hacer un gran acto en un momento dado; los que lo hacen son admirables. Es más difícil sostener una opción, un compromiso en el tiempo; los que lo hacen son imprescindibles para nuestro mundo.
    • Los tesalonicenses se cansaban de esperar la venida de Jesús. Pablo tiene que exhortarles a la paciencia; que se demuestra en perseverar en la fe, en la esperanza y en la caridad… hasta el final.
  • Este mensaje nos sirve tanto para el ahora, como para el después.
    • para mantener, sin desfallecer, nuestra fe y nuestra esperanza en el retorno de Jesús, para celebrar sus bodas eternas con la Iglesia; la fe en la resurrección de Jesús, de la cual esperamos participar nosotros.
    • Y para vivir perseverando en las buenas obras, para que cuando llegue el momento de nuestro encuentro definitivo con Jesús estemos bien preparados.
      • Y para ello, alimentar nuestra lámpara con el aceite de la Palabra de Dios, de los sacramentos, del ejemplo de personas  buenas, de las inspiraciones interiores que recibimos.
      • Velar no es vivir con miedo ni con angustia, sino afrontar nuestra vida son sabiduría, con responsabilidad, sin dejarnos adormecer por la pereza o por las distracciones de este mundo.
    • La Eucaristía es el mejor alimento para nuestro camino y el mejor despertador para nuestra conciencia.
      • En ella repetimos cada vez: “Ven, Señor Jesús”, deseando que el Señor venga pronto y que, cuando venga, nos encuentre bien despiertos y preparados. QAS.
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Día de la Iglesia Diocesana

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Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,1-13):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.” Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.” Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos.” Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco.” Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.» Palabra del Señor

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Homilía Todos los Santos

Homilía Todos Santos Bnf, SEDL, Spl

  • Les repite insistentemente nuestro obispo a los jóvenes: aspirad a la santidad, no os conforméis con menos. Hoy en día, en que se busca la excelencia en todos los ámbitos de la vida, los cristianos no podemos ser menos; la excelencia en términos cristianos se llama santidad.
    • Si lo analizamos bien, es curioso cómo nos situamos los cristianos: pecador, pecador, casi nadie se reconoce; pero por otra parte, santo tampoco. Y en parte, es así, porque la santidad más que un logro definitivo es una obra que vamos realizando mientras vivimos. Lo curioso no es que no nos consideremos santos, que seguramente no lo somos del todo, sino que nos parecería algo extraño el aspirar a ser santos. Incluso nos podría parecer que sería una pretensión fuera de lugar, una manifestación de orgullo por nuestra parte. Y seguramente lo sería, si contáramos sólo con nuestras fuerzas. Pero contando con la gracia de Dios, como contamos, ser menos que santos, o al menos aspirar a algo menos que santos, sería un fraude por nuestra parte, una estafa, una malversación de la gracia que el Señor pone constantemente a nuestra disposición.
    • Ser cristiano es sinónimo de ser santo, al menos como aspiración, como intento. Si somos cristianos de verdad, seremos santos.
  • Pero, ¿qué significa ser santo? Ser santo no significa ser impecable, no significa no caer nunca, sino levantarse cada vez que uno cae, reconociendo el propio pecado y abriéndose esperanzadamente al perdón de Dios cuantas veces sea necesario. Los santos también fueron pecadores; es más, su santidad se manifestaba en el hecho de que tenían una aguda conciencia de ser pecadores, no un sentimiento fingido, sino auténtico. Como dice San Pablo: “cuando soy débil entonces soy fuerte”; porque en la propia debilidad se descubre la necesidad absoluta que tenemos de la gracia de Dios. La llamada a la santidad la expresa el libro del Apocalipsis con esa imagen de la muchedumbre inmensa que seguía a los 144.000 elegidos.
  • El camino para la santidad nos lo marcan las bienaventuranzas. No son nuevos mandamientos, sino que si nos fijamos bien, son una revelación que nos hace el Señor de cuáles son los caminos que nos llevan a la felicidad, a la plenitud, en definitiva, a la santidad. No nos dicen: “tienes que hacer esto o está prohibido hacer lo otro”, sino que nos dice: “seréis dichosos si…”.
  • Lo chocante es que las actitudes a las que nos invitan las bienaventuranzas parecen contradecir lo que uno espontáneamente pensaría si le preguntaran en qué consiste ser feliz. Allí hemos de caer en la cuenta de que las bienaventuranzas no son simplemente proclamadas por Jesús, sino que antes de proclamarlas Él las ha vivido y las vive. Por eso podemos confiar en ellas, no simplemente porque el que las proclama es digno de crédito, sino porque Él va delante de nosotros, como buen pastor, haciéndolas vida. En definitiva, las bienaventuranzas son un auto-retrato de Jesús.
  • Una nos habla de una situación que nos puede sobrevenir: Dichosos los que sufren; lo que se les promete es que van a recibir el consuelo, de parte de Dios, se sobreentiende. Las demás nos hablan de las actitudes más acertadas con que afrontar la vida: la opción por ser pobres,, es decir, desprendidos, en todos los aspectos, no sólo en el material; la opción por no ser violentos, a la hora de resolver los conflictos; la opción de trabajar por la justicia para todos, sobre todo los que sufren directamente la injusticia, en vez de mirar sólo por uno mismo; La opción de prestar ayuda, en vez de pasar de aquellos que la necesitan; la actitud de limpieza de corazón, que es actuar, sentir y pensar, como se suele decir, con el corazón en la mano; la opción de trabajar por la paz, porque aunque a veces sea una tarea ardua, vale la pena lucha por ello; y la opción de permanecer en la fidelidad a Dios y a su conciencia, como han hecho los innumerables mártires.
  • Hubo quien dijo que las bienaventuranzas son como la partitura que han sabido interpretar los santos. Fijémonos en su ejemplo, acojámonos a su intercesión para poder llegar con y como ellos a la patria celestial. QAS.
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Homilía 22 de octubre de 2017

  • Dom 29 t.o.
  • Vivimos en unos tiempos convulsos en el campo de la política, marcados por la crispación y la polarización de posturas. Ante esta situación, como cristianos, pueden surgirnos una serie de preguntas: ¿Tiene algo que decir nuestra fe en esta situación o no? ¿ha de intervenir nuestra conciencia cristiana (la Iglesia) en estos temas o debe quedar al margen? En todo caso, ¿cuál debería ser nuestro papel, como cristianos, en esta situación?
  • La religión y la política son dos ámbitos de nuestra vida, distintos pero tocantes el uno al otro, que hemos de saber poner cada uno en su lugar, y en su justa relación. Veamos cómo pueden iluminarnos las lecturas de hoy.
  • En la lectura de Isaías se da cuenta de un cambio de régimen político que influye decisivamente en la situación del pueblo de Israel, que se encontraba exiliado en Babilonia. Sube al poder Ciro, el rey de los persas, que decreta la libertad del pueblo de Israel, que puede volver ahora del exilio a su país. Posiblemente lo haga por razones de interés político, pero el pueblo y el profeta lo interpretan como una intervención de Dios en favor de su pueblo Israel. Sin saberlo, Ciro, un pagano, es instrumento de Dios. A la luz de la fe, el profeta hace una lectura más profunda de los acontecimientos y muestra cómo Dios se hace presente u actúa a través de las personas y de los acontecimientos.
    • Pero no sólo de los grandes acontecimientos, sino también a través de las cosas pequeñas de cada día, el Señor se nos manifiesta e interviene en nuestra vida. Descubrirlo supone mirar las cosas con los ojos de la fe y discernir qué es lo que nos pide en casa momento concreto.
  • El evangelio nos presenta una situación en que los fariseos hacen una pregunta trampa a Jesús: si había que pagar o no impuestos al César.
    • Si responde que sí, se malimpone con los judíos, que vivían con resentimiento la ocupación romana y porque pagarlo suponía implícitamente reconocer la divinidad del César, cuya efigie estaba grabada en las monedas con que se pagaba.
    • Si responde que no había que pagar, se echaba encima a los romanos y a sus aliados los herodianos, por un acto de rebelión contra el orden establecido por Roma.
    • La respuesta de Jesús les desconcierta: Dar al César lo que es del César y a Dios lo  que es de Dios. Una frase tan ingeniosa como enigmática y desconcertante. Jesús invita a contemplar la cuestión desde un punto de vista más profundo.
    • Para Jesús, lo realmente importante es que el hombre reconozca a Dios como su único Señor, pues es en el hombre donde Dios ha dejado inscrita su imagen, pues lo creó a su imagen y semejanza. Al César pertenecen las monedas del impuesto, grabadas con su imagen, y en principio hay que cumplir con ese deber ciudadano; pero sólo a Dios debe someterse al hombre como a Señor absoluto; y en la medida en que todo hombre es imagen de Dios, inclinarse ante el otro para servirle es inclinarse ante el Dios del cual es imagen cada persona. Ante ello, la sumisión debida ante el legítimo poder político ha de respetarse, aunque relativizada, pues, como ha dicho Isaías por dos veces: “Yo soy el Señor y no hay otro”. En definitiva, hemos de cumplir, en principio, todos nuestros deberes como ciudadanos, salvo que vayan contra nuestra conciencia cristiana, e incluso ser ejemplares en dicho cumplimiento, pero sabiendo que lo importante es trabajar por el Reino y agradar a Dios.
    • Ciertamente, no es fácil el equilibrio ni el discernimiento en las situaciones concretas, y por ello hemos de recurrir a la oración, al discernimiento en grupo, a dejarnos iluminar por la Palabra de Dios, qué es lo que nos dice en cada asunto.
  • Hoy celebramos el domingo del Domund. Es una jornada de reconocimiento de la labor de los misioneros, en particular de la generosidad de la Iglesia española. Ellos trabajan por el bien integral de todo ser humano, el material y el espiritual, llevando el evangelio a todos.
    • El lema de este año nos anima a cada uno: Sé valiente, la misión te espera. Así lo expresaba el Papa Francisco: “El mundo necesita el evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de buen samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de buen pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta”.
  • Que nos ayude a ello también la celebración de la eucaristía, en que comulgamos con Aquel que, viniendo del cielo, quiso hacerse uno de nosotros y compartir nuestras preocupaciones mundanas y cotidianas. QAS.

 

Publicado en Noticias | Comentarios desactivados en Homilía 22 de octubre de 2017

Homilía de la Fiesta de la Virgen del Pilar

  • Pilar
  • Madre, sólo hay una. Virgen María sólo hay una, pero con muchas advocaciones. Celebramos su fiesta los aragoneses, España entera y toda la Hispanidad. La invoca como patrona la Guardia Civil.
  • ¿Qué nos evoca su imagen coronada, sobre el Pilar?
  • La primera lectura nos la ha presentado como el Arca de la Alianza, en cuyo interior se guardaban los objetos más sagrados, como las tablas de la Ley, de Moisés. María es arca de la Nueva Alianza, pues en su seno albergó al mismo Dios que se hizo hombre en su vientre.
  • El libro de los Hechos de los apóstoles nos la presenta esperando, orando junto con los demás apóstoles; simplemente estando, animando con su presencia discreta y silenciosa, meditando en su corazón la pasión de su hijo, alimentando la pequeña llama de la fe en aquellas horas de oscuridad.
  • La Virgen del Pilar nos evoca los orígenes de nuestra fe cristiana en tierras españolas, especialmente en Aragón, tal como lo cuenta la tradición de su aparición al apóstol Santiago, a orillas del Ebro, la madrugada del 2 de enero del año 40 de nuestra era. De este hecho se hace eco la oración que pronunciaremos sobre las ofrendas cuando dice: “cuando brilló sobre nosotros la luz de la fe”.
  • María es también modelo de una fe sencilla y firme como el Pilar sobre el que se alza. Una fe que se traduce en la generosidad con que ha respondido siempre a la voluntad de Dios.
  • Ella es madre de la Iglesia, pues ella engendró al que es cabeza de la Iglesia y cuida a sus miembros como hijos suyos que somos.
  • Su persona es un recuerdo vivo de los dones de Dios a la humanidad: ella es concebida sin pecado, intacta en su virginidad, gloriosa en su descendencia, madre de Cristo, no fue contaminada por la corrupción del sepulcro, triunfante en su Asunción.
  • Nuestra Virgen del Pilar representa la firmeza de aquella que apoyó su vida sobre Cristo, que es la roca firme. Por ello, para cuantos la invocamos con la secular advocación del Pilar, le pedimos que nos conceda “fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor”, que es lo mejor que nos puede dar.
    • Una fe sólida y una esperanza segura en unos tiempos en todo pensamiento y criterio parece líquido.
    • Una constancia en el amor en una época en que el deseo momentáneo tiende a constituirse en derecho.
  • Te pedimos, Santa María del Pilar, que los que te veneramos en la tierra, podamos contemplarte eternamente en el cielo.
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Virgen del Pilar – Patrona de la Hispanidad

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,27-28):

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Palabra del Señor

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Domingo XXVII tiempo ordinario ciclo A

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,33-43):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.” Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.” Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?” Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra del Señor

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Domingo XXVI tiempo ordinario

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,28-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.” Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor.” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron: «El primero.»
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Palabra del Señor

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HOMILÍA DOMINGO 24 SEPTIEMBRE 2017Homilía dom 25 t.o. – 24 de septiembre de 2017 INTRODUCCIÓN  Por mucho que queramos, no acabamos de hacernos a la idea de cómo es Dios. Y no me refiero ya a que sea infinito y omnipotente, sino a que veamos las cosas como las ve Dios, a que comprendamos sus criterios y los hagamos nuestros. LA PARÁBOLA  Muchas veces Jesús compara el Reino de Dios con una viña, como en esta ocasión. El dueño de la viña vendría a representar la manera de ser de Dios.  Lo primero que nos dice es que es el Señor el que invita a trabajar a su viña, no es primeramente fruto de nuestro deseo y capacidad. Lo mismo que los jornaleros, hemos de agradecer que el Señor se fije en nosotros y nos invite a trabajar en la viña, es decir, al servicio de su reino. No es una maldición, sino una bendición, sobro todo porque él mismo es nuestra paga, nuestro sueldo. El premio del cielo no es otra cosa que estar con Dios, vivir junto a él. Cuando estamos arraigados en Él, somos felices; cuando nos desarraigamos de Él, languidecemos como planta que se arranca de la tierra. Así lo expresaba San Pablo en la 2ª lectura: “para mí la vida es Cristo”. o Eso es lo que no comprendía el hermano del hijo pródigo, cuando protesta porque él había estado siempre, junto al padre, sirviéndole en su casa. o Puede que nosotros no valoremos el privilegio de trabajar para el Señor: ¿Porque se ha convertido en rutina? ¿o porque nunca hemos descubierto que es un gozo?  Aunque ya sabemos el final de la parábola, tendríamos que reconocer que, a bote pronto, no identificamos con la manera de pensar de los jornaleros que han estado trabajando todo el día y que protestan porque el amo les paga lo mismo que a los que han trabajado sólo una parte de la jornada. Injusticia no ha hecho ninguna porque a ninguno le ha pagado menos de lo estipulado. Su manera de actuar está movida por la misericordia sobreabundante, no sobre la estricta justicia. Dios piensa desde los últimos, desde los pobres, desde los que tienen menos oportunidades. Y por eso paga lo mismo al fuerte que al débil, al más hábil y al más torpe. APLICACIÓN A LA VIDA  Uno puede pensar: si es así, más vale acudir a la llamada a trabajar a última hora, como el buen ladrón. Si pensamos así, es que aún no hemos descubierto el tesoro que es Jesús. Pues, como decía una monja, si al final esto de la fe fuera mentira (que no lo es), ¡que me quiten lo bailao!  O quizás, inconscientemente, pensemos que, como somos cristianos de primera hora (o de toda la vida) tengamos más “derechos” que los que alguna vez –no muchas- se dejan caer por la parroquia, o por la misa, en el sentido de que tengamos más derecho a opinar o a ocupar según qué puestos que otros.  El adentrarnos en el pensamiento de Dios, el hacer de sus planes nuestros planes, de sus criterios nuestros criterios, supone en nosotros hacer un cambio de mentalidad, una conversión. Y para que se dé esta transformación es necesaria la gracia de Dios, junto con nuestra colaboración personal. Nos puede ayudar a ello el escuchar e interiorizar bien la Palabra de Dios, y a su luz, confrontar nuestras ideas y criterios, particularmente nuestras resistencias a la manera de ser y de hacer de Dios. A partir de ahí, con mucha paciencia y determinación por parte de uno y con la ayuda de la oración que nos abre a la acogida de la gracia de Dios, podremos acercarnos a la manera de ser de Dios. QAS.

Homilía 24 de septiembre de 2017

INTRODUCCIÓN

  • Por mucho que queramos, no acabamos de hacernos a la idea de cómo es Dios. Y no me refiero ya a que sea infinito y omnipotente, sino a que veamos las cosas como las ve Dios, a que comprendamos sus criterios y los hagamos nuestros.

 

La parábola

  • Muchas veces Jesús compara el Reino de Dios con una viña, como en esta ocasión. El dueño de la viña vendría a representar la manera de ser de Dios.
  • Lo primero que nos dice es que es el Señor el que invita a trabajar a su viña, no es primeramente fruto de nuestro deseo y capacidad. Lo mismo que los jornaleros, hemos de agradecer que el Señor se fije en nosotros y nos invite a trabajar en la viña, es decir, al servicio de su reino. No es una maldición, sino una bendición, sobro todo porque él mismo es nuestra paga, nuestro sueldo. El premio del cielo no es otra cosa que estar con Dios, vivir junto a  él. Cuando estamos arraigados en Él, somos felices; cuando nos desarraigamos de Él, languidecemos como planta que se arranca de la tierra. Así lo expresaba San Pablo en la 2ª lectura: “para mí la vida es Cristo”.
    • Eso es lo que no comprendía el hermano del hijo pródigo, cuando protesta porque él había estado siempre, junto al padre, sirviéndole en su casa.
    • Puede que nosotros no valoremos el privilegio de trabajar para el Señor: ¿Porque se ha convertido en rutina? ¿o porque nunca hemos descubierto que es un gozo?
  • Aunque ya sabemos el final de la parábola, tendríamos que reconocer que, a bote pronto, no identificamos con la manera de pensar de los jornaleros que han estado trabajando todo el día y que protestan porque el amo les paga lo mismo que a los que han trabajado sólo una parte de la jornada. Injusticia no ha hecho ninguna porque a ninguno le ha pagado menos de lo estipulado. Su manera de actuar está movida por la misericordia sobreabundante, no sobre la estricta justicia. Dios piensa desde los últimos, desde los pobres, desde los que tienen menos oportunidades. Y por eso paga lo mismo al fuerte que al débil, al más hábil y al más torpe.

 

 

 

APLICACIÓN A LA VIDA

  • Uno puede pensar: si es así, más vale acudir a la llamada a trabajar a última hora, como el buen ladrón. Si pensamos así, es que aún no hemos descubierto el tesoro que es Jesús. Pues, como decía una monja, si al final esto de la fe fuera mentira (que no lo es), ¡que me quiten lo bailao!
  • O quizás, inconscientemente, pensemos que, como somos cristianos de primera hora (o de toda la vida) tengamos más “derechos” que los que alguna vez –no muchas- se dejan caer por la parroquia, o por la misa, en el sentido de que tengamos más derecho a opinar o a ocupar según qué puestos que otros. Â
  • El adentrarnos en el pensamiento de Dios, el hacer de sus planes nuestros planes, de sus criterios nuestros criterios, supone en nosotros hacer un cambio de mentalidad, una conversión. Y para que se dé esta transformación es necesaria la gracia de Dios, junto con nuestra colaboración personal. Nos puede ayudar a ello el escuchar e interiorizar bien la Palabra de Dios, y a su luz, confrontar nuestras ideas y criterios, particularmente nuestras resistencias a la manera de ser y de hacer de Dios. A partir de ahí, con mucha paciencia y determinación por parte de uno y con la ayuda de la oración que nos abre a la acogida de la gracia de Dios, podremos acercarnos a la manera de ser de Dios. QAS.
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24 de septiembre de 2017 Domingo XXV tiempo ordinario (ciclo A)

EVANGELIO

 Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo (20,1-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.” Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado.” Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña.” Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.” Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.” Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra del Señor

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