Homilía 22 de octubre de 2017

  • Dom 29 t.o.
  • Vivimos en unos tiempos convulsos en el campo de la política, marcados por la crispación y la polarización de posturas. Ante esta situación, como cristianos, pueden surgirnos una serie de preguntas: ¿Tiene algo que decir nuestra fe en esta situación o no? ¿ha de intervenir nuestra conciencia cristiana (la Iglesia) en estos temas o debe quedar al margen? En todo caso, ¿cuál debería ser nuestro papel, como cristianos, en esta situación?
  • La religión y la política son dos ámbitos de nuestra vida, distintos pero tocantes el uno al otro, que hemos de saber poner cada uno en su lugar, y en su justa relación. Veamos cómo pueden iluminarnos las lecturas de hoy.
  • En la lectura de Isaías se da cuenta de un cambio de régimen político que influye decisivamente en la situación del pueblo de Israel, que se encontraba exiliado en Babilonia. Sube al poder Ciro, el rey de los persas, que decreta la libertad del pueblo de Israel, que puede volver ahora del exilio a su país. Posiblemente lo haga por razones de interés político, pero el pueblo y el profeta lo interpretan como una intervención de Dios en favor de su pueblo Israel. Sin saberlo, Ciro, un pagano, es instrumento de Dios. A la luz de la fe, el profeta hace una lectura más profunda de los acontecimientos y muestra cómo Dios se hace presente u actúa a través de las personas y de los acontecimientos.
    • Pero no sólo de los grandes acontecimientos, sino también a través de las cosas pequeñas de cada día, el Señor se nos manifiesta e interviene en nuestra vida. Descubrirlo supone mirar las cosas con los ojos de la fe y discernir qué es lo que nos pide en casa momento concreto.
  • El evangelio nos presenta una situación en que los fariseos hacen una pregunta trampa a Jesús: si había que pagar o no impuestos al César.
    • Si responde que sí, se malimpone con los judíos, que vivían con resentimiento la ocupación romana y porque pagarlo suponía implícitamente reconocer la divinidad del César, cuya efigie estaba grabada en las monedas con que se pagaba.
    • Si responde que no había que pagar, se echaba encima a los romanos y a sus aliados los herodianos, por un acto de rebelión contra el orden establecido por Roma.
    • La respuesta de Jesús les desconcierta: Dar al César lo que es del César y a Dios lo  que es de Dios. Una frase tan ingeniosa como enigmática y desconcertante. Jesús invita a contemplar la cuestión desde un punto de vista más profundo.
    • Para Jesús, lo realmente importante es que el hombre reconozca a Dios como su único Señor, pues es en el hombre donde Dios ha dejado inscrita su imagen, pues lo creó a su imagen y semejanza. Al César pertenecen las monedas del impuesto, grabadas con su imagen, y en principio hay que cumplir con ese deber ciudadano; pero sólo a Dios debe someterse al hombre como a Señor absoluto; y en la medida en que todo hombre es imagen de Dios, inclinarse ante el otro para servirle es inclinarse ante el Dios del cual es imagen cada persona. Ante ello, la sumisión debida ante el legítimo poder político ha de respetarse, aunque relativizada, pues, como ha dicho Isaías por dos veces: “Yo soy el Señor y no hay otro”. En definitiva, hemos de cumplir, en principio, todos nuestros deberes como ciudadanos, salvo que vayan contra nuestra conciencia cristiana, e incluso ser ejemplares en dicho cumplimiento, pero sabiendo que lo importante es trabajar por el Reino y agradar a Dios.
    • Ciertamente, no es fácil el equilibrio ni el discernimiento en las situaciones concretas, y por ello hemos de recurrir a la oración, al discernimiento en grupo, a dejarnos iluminar por la Palabra de Dios, qué es lo que nos dice en cada asunto.
  • Hoy celebramos el domingo del Domund. Es una jornada de reconocimiento de la labor de los misioneros, en particular de la generosidad de la Iglesia española. Ellos trabajan por el bien integral de todo ser humano, el material y el espiritual, llevando el evangelio a todos.
    • El lema de este año nos anima a cada uno: Sé valiente, la misión te espera. Así lo expresaba el Papa Francisco: “El mundo necesita el evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de buen samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de buen pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta”.
  • Que nos ayude a ello también la celebración de la eucaristía, en que comulgamos con Aquel que, viniendo del cielo, quiso hacerse uno de nosotros y compartir nuestras preocupaciones mundanas y cotidianas. QAS.

 

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