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Vende todo.

Homilía del domingo 11 de octubre de 2015

  • –Homilía del domingo 11 de octubre de 2015–Si hiciéramos una escala con los bienes que más apetecemos, ¿qué saldría en los primeros lugares? Salud, riqueza, éxitos, prestigio, amistad, pasarlo bien… ¿en qué puesto aparecería la Sabiduría?

    –La sabiduría de que nos habla la Escritura es algo que va más allá de saber muchas cosas, como en el programa “Pasa-palabra”.

    o   La sabiduría que viene de Dios es la que nos ayuda a ver y valorar las cosas y los acontecimientos como Dios lo hace. La que nos aveza a distinguir lo bueno de lo malo, lo que tiene importancia, de lo que no la tiene.

    o   Es una mezcla entre el sentido común y el sentido de fe, entre la experiencia de la vida y la que nos va dando la escucha atenta de la Palabra de Dios.

    o   Hay personas muy sencillas que son verdaderamente sabias, según este criterio.

    –La propia Palabra de Dios tiene fuerza por sí misma: es “viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo” nos ha dicho la Carta a los hebreos.

    o   A veces nos da paz, nos acaricia, nos consuela. A veces nos desinstala de nuestras opiniones o nuestras opciones. A veces nos juzga y nos desautoriza. Pero siempre nos hace bien, nos pone en la órbita de Dios. Es como un espejo en el que podemos vernos reflejados.

    –En el evangelio encontramos un caso práctico de esto mismo: en este caso es la palabra directa de Jesús. A aquel joven que quiere ir más allá de lo que podríamos llamar una buena persona, Jesús le propone dejar lo que tiene y seguirle. No le pide cosas, sino que entregue toda su persona por seguirle.

    o   A algunos, el Señor se cruza en su camino y le pide que cambie los proyectos para su vida, de forma radical.

    o   A otros, que cambien sus criterios, sus actitudes, su forma de vivir y de actuar.

    o   A todos nos pide que renunciemos a algo; probablemente a lo que más nos cuesta y duele dejar. A que nos entreguemos más a fondo a Cristo. Muchas veces no se nos pide que renunciemos a nada, pero sí a que relativicemos las cosas, en la medida que nos impiden o dificultan seguir a Jesús, que prioricemos las cosas según el criterio de Jesús.

    o   Para poder seguir a Jesús con un corazón libre, éste ha de estar libre de desapegos. Como el peregrino, que tiene que dejar muchas cosas fuera de la mochila para poder llegar a su meta.

    o   Sólo así nos quedará sitio en nuestra vida para Dios y para los hermanos.

    –La pregunta que nos podemos hacer ahora cada uno es: ¿Cuál es mi riqueza? Es decir, ¿A qué tengo apegado el corazón, que me impide ser verdaderamente libre?

 

 

Evangelio

Evangelio según san Marcos (10,17-30), del domingo, 11 de octubre de 2015

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,17-30):

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego síguerne.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.»

Palabra del Señor

 

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