HOMILÍA 23 SEPTIEMBRE 2018 (Marcos 9, 30 37)

  • Domingo 25 t.o. 23 septiembre de 2018
  • El oficio de profeta no es de lo más apetecible, pues cuando todo parece que funciona, que la gente está satisfecha con sus e instalada en sus propios intereses, va y llega el profeta de turno y fastidia la procesión.
  • A todos nos resulta incómodo que nos encaren con nuestras propias incoherencias, infidelidades, puntos flacos… Y hay dos maneras, básicamente de reaccionar:
    • O aceptar la crítica humildemente y dejarnos cuestionar
    • O arremeter contra el mensajero; es decir, desprestigiar al profeta, al que denuncia, sin entrar en el fondo de la cuestión.
  • A veces no es una crítica por la palabra, sino por los hechos. Hay personas que viven de una manera fiel e íntegra y sin decir nada, denuncian nuestra manera de vivir, nos dejan en mal lugar.
  • En el evangelio vemos el contraste entre la propuesta de Jesús y las expectativas de los apóstoles: el uno habla de entrega, de sacrificio; los otros buscan primeros puestos, cargos importantes, como pasa tantas veces en la vida civil y en la eclesial.
  • Tendemos a buscar los primeros puestos, a salir en la foto, a que nos aplaudan, nos aprueben, a que reconozcan nuestros méritos… pero ¿a quién le gusta, quién busca “servir a todos” o “ser el último de todos”?
  • Me viene a la cabeza una anécdota que me contó una señora, cuyo nombre omito porque a ella –estoy seguro- no le gustaría que lo dijera. Me contó en el lance de una conversación sencilla que había ido a la iglesia la mañana en que se iba a celebrar una boda y vio que justo en la entrada había un excremento de algún ave en la puerta. Lo limpió –sin darle más importancia-. Yo pensé: ¡qué gesto tan sencillo, tan bonito y ¡tan grande! Aquellos novios nunca supieron que alguien les había limpiado la entrada de la iglesia el día de su boda…
  • Es el ejemplo que nos pone Jesús tomando un niño y diciendo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. No lo pone como ejemplo de humildad en este caso, sino de hacer un favor a alguien que no es importante, que seguramente no nos lo podrá devolver, a no ser con su gratitud.
  • Si queremos colaborar con Jesús e imitarle, tendremos que contar con el sufrimiento y el esfuerzo, con la renuncia y con el sacrificio. Si queremos seguir al entregado por nosotros, deberemos ser también nosotros “entregados por”. Que a ello nos anime y nos sostenga la participación en la eucaristía, memorial del que se entregó por nosotros. QAS.
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