HOMILÍA 11 de marzo. IV domingo de Cuaresma

  • Domingo 4º de Cuaresma
  • Cuaresma, tiempo de desierto, que significa también camino de liberación de la esclavitud, cara a la tierra prometida. Hoy la 1ª lectura: liberación de la esclavitud.
    • Hoy, muchas esclavitudes: afán de tener y gastar, drogadicciones, alcoholismo, ludopatías, adicción al sexo, a ciertos programas…
  • Lejos de toda esclavitud, Dios quiere que los hombres tengamos vida.
    • Así nos lo recordaba san Pablo en su carta a los efesios: “Dios, rico en misericordia,… nos ha hecho vivir con Cristo”. Y ello, por pura gracia, por puro amor. Es más, nos dice que estamos ya salvados por su gracia, que para vivir esa vida nueva sólo hace falta la fe, confiar en él y abrirnos a Él, para que esa vida nueva se haga efectiva en nosotros. En todo caso, las buenas obras son el signo de que hemos aceptado esa vida nueva qué él nos ofrece, para no frustrar la obra de Dios en nosotros.
  • Esa salvación se nos ofrece en la persona de Jesucristo. Él se presentará elevado en la cruz como la serpiente en el estandarte del desierto, para atraer a los hombres hacia sí y conducirlos hacia Dios.
  • Dios nos ama y lo hace hasta el extremo. Y como prueba nos hace le regalo de su Hijo. Ni que nuestra vida esté alejada de Él, Él nos ama igualmente, hasta el final.
  • En nuestra postura ante Jesús nos jugamos nuestra salvación o nuestra condena, continuar en la oscuridad o abrirnos a la luz que es Cristo. Porque Él respeta nuestra libertad. Aunque su voluntad, su deseo es que el mundo se salve por él.
  • Igualmente, quiere que creamos en él y que nos asociemos a su obra salvadora, haciendo de nuestra vida una vida para los demás.
  • La Palabra nos pone hoy ante la alternativa: ¿Qué preferimos, la luz o la oscuridad, el exilio y la esclavitud o la verdadera libertad?
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