Homilía 17 diciembre 2017 – 3º Adviento

    • Adviento es tiempo de espera, en la alegría. Una alegría serena, profunda y firme.
      • Domingo Gaudete: “Estad alegres”.
    • No es una alegría ingenua, de quienes no ven o no experimentan la maldad. No es la alegría frívola y pasajera, no es la alegría individualista del que disfruta de una situación de bienestar y privilegio.
      • Nuestra alegría es una alegría tejida de esperanza, basada en la buena noticia de que Dios ha querido entrar en nuestro mundo, en nuestra historia para siempre.
      • Como personas, los cristianos sufrimos y gozamos como los demás, aunque, en cierto sentido más que los demás.
      • En cierto sentido, sufrimos más que los demás, porque nuestra fe nos tiene que hacer más sensibles hacia los sufrimientos de los demás.
      • Pero en otro sentido también, creer en la buena noticia de lo que el Señor nos tiene prometido, da un sentido y una esperanza a los sufrimientos humanos, sentido y esperanza que superan al mismo dolor.
      • Sabemos que Dios nos acompaña en todas las circunstancias y momentos de nuestra vida.
    • Decía el Bautista: “En medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí”.
      • Juan tiene la humildad de presentarse no como el protagonista, sino como el precursor (el telonero). A la vez, Juan es un hombre espiritual, es decir, lleno del Espíritu de Dios, como decía Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido”, por eso es capaz de reconocer al Señor, al Mesías, que está en medio de ellos.
      • También a nosotros nos puede pasar que no seamos capaces de reconocer la presencia de Dios en nuestra vida. Sabemos que Él está en todas partes, que lo tenemos siempre a nuestro alcance, pero no lo percibimos.
      • El Señor está en el corazón de cada hombre, en lo más profundo de nuestro ser; está en los acontecimientos de nuestra vida, está en el amor de tantos hombres y mujeres, está en la eucaristía y en la comunidad que se reúne para celebrarla.
    • Si cultivamos esta mirada contemplativa, si percibimos la presencia palpitante de Dios entre y en nosotros, nacerá en nosotros esa alegría que nos hará capaces de iluminar nuestra vida y de comunicarla, especialmente a los que carecen de ella en estos días de bullicio y fiesta. QAS.
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