Homilía 14 de octubre de 2018

  • Si hiciéramos una escala con los bienes que más apetecemos, ¿qué saldría en los primeros lugares? Salud, riqueza, éxitos, prestigio, amistad, pasarlo bien… ¿en qué puesto aparecería la Sabiduría?
  • La sabiduría de que nos habla la Escritura es algo que va más allá de saber muchas cosas, como en el programa “Pasa-palabra”.
    • La sabiduría que viene de Dios es la que nos ayuda a ver y valorar las cosas y los acontecimientos como Dios lo hace. La que nos aveza a distinguir lo bueno de lo malo, lo que tiene importancia, de lo que no la tiene.
    • Es una mezcla entre el sentido común y el sentido de fe, entre la experiencia de la vida y la que nos va dando la escucha atenta de la Palabra de Dios.
    • Hay personas muy sencillas que son verdaderamente sabias, según este criterio.
  • La propia Palabra de Dios tiene fuerza por sí misma: es “viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo” nos ha dicho la Carta a los hebreos.
    • A veces nos da paz, nos acaricia, nos consuela. A veces nos desinstala de nuestras opiniones o nuestras opciones. A veces nos juzga y nos desautoriza. Pero siempre nos hace bien, nos pone en la órbita de Dios. Es como un espejo en el que podemos vernos reflejados.
  • En el evangelio encontramos un caso práctico de esto mismo: en este caso es la palabra directa de Jesús. A aquel joven que quiere ir más allá de lo que podríamos llamar una buena persona, Jesús le propone dejar lo que tiene y seguirle. No le pide cosas, sino que entregue toda su persona por seguirle.
    • A algunos, el Señor se cruza en su camino y le pide que cambie los proyectos para su vida, de forma radical.
    • A otros, que cambien sus criterios, sus actitudes, su forma de vivir y de actuar.
    • A todos nos pide que renunciemos a algo; probablemente a lo que más nos cuesta y duele dejar. A que nos entreguemos más a fondo a Cristo. Muchas veces no se nos pide que renunciemos a nada, pero sí a que relativicemos las cosas, en la medida que nos impiden o dificultan seguir a Jesús, que prioricemos las cosas según el criterio de Jesús.
    • Para poder seguir a Jesús con un corazón libre, éste ha de estar libre de desapegos. Como el peregrino, que tiene que dejar muchas cosas fuera de la mochila para poder llegar a su meta.
    • Sólo así nos quedará sitio en nuestra vida para Dios y para los hermanos.
  • La pregunta que nos podemos hacer ahora cada uno es: ¿Cuál es mi riqueza? Es decir, ¿A qué tengo apegado el corazón, que me impide ser verdaderamente libre?
Esta entrada fue publicada en Noticias. Guarda el enlace permanente.