Jueves Santo de la Cena del Señor

Cena del Señor

HOMILÍA DE Jueves SANTO

–En esta tarde de Jueves Santo, no sólo recordamos lo que ocurrió en el Cenáculo aquella Última Cena de Jesús con sus discípulos, sino que revivimos el ambiente, los sentimientos, los significados, los símbolos que se pusieron encima de la mesa en aquella primera eucaristía.

o   Es el momento de la despedida, de condensar el legado que Jesús quiere dejar a sus discípulos, los que estaban allí y los que estábamos por venir.

–El tiempo apremia, los acontecimientos se precipitan, pero en estos momentos, el tiempo parece detenerse y el Cenáculo es un oasis de paz dentro de la tensión que se palpa en el ambiente.

–Jesús siente la necesidad y la ocasión de despedirse: de sus amigos y discípulos, y de este mundo. Es el momento del volver al Padre, de donde procedía, de volver al lugar que reservará para sus amigos, para todos, que también hemos salido de las manos del Padre y a ellas estamos llamados a volver.

–Jesús que siempre había amado, ahora lo hace hasta el extremo: hasta el final, sin echarse atrás; un amor completo, acabado, colmado.

o   Nosotros somos más tibios: amamos pero nos reservamos, amamos pero con medida, amamos pero hasta cierto punto.

o   Jesús quiere contagiarnos su amor, quiere que comprendamos es la misericordia es lo fundamental de su mensaje.

–A Jesús le preocupa el futuro. Se va, pero quiere permanecer en su Iglesia, en nuestro mundo. Nos deja dos gestos y dos mandatos:

o   El gesto de lavar los pies a sus discípulos, que tiene especial fuerza porque él es el maestro. Es razonable la reacción de Pedro de no dejarse lavárselos, no es lógico. Pero convenía hacerlo así. Porque así, la cadena que inicia Jesús se prolongará entre sus discípulos lavando los pies a los últimos, a los que están por debajo. El amor de Jesús se expresa como servicio. El servicio de Jesús visibiliza su amor. En el lavatorio, es Dios quien se arrodilla ante el hombre.

o   El gesto de su entrega queda recogido en el pan y en el vino de la cena de Pascua. Con ellos anticipa su entrega en la cruz, que a la vez serán el medio como se seguirá haciendo presente, una vez resucitado. Jesús elige lo sencillo, el pan y el vino, para hacerse presente en medio de la comunidad. Su gesto es memorial, es decir, que nos pide que nosotros lo repitamos para poder él hacerse presente entre nosotros. No son sólo recuerdos, el pan y el vino, es presencia actualizadora de su Pascua, de su muerte y resurrección, de un amor que no se agota en los suyos, sino que se hace extensivo a toda persona.

o   El mandato del amor: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Lo que motiva y dejan entrever los gestos que hace en aquella cena, nos lo dice de palabra. El amor que no tiene límite, empieza por los más cercanos, con la pretensión, no de quedarse circunscrito ahí, sino de expandirse como una ola en la superficie de un lago en calma. Un amor verdadero, auténtico, de corazón, comprometido.

o   Unido a éste, el mandato de permanecer en la unidad, que es el fruto necesario del amor y que, a la vez, es reflejo de la unión del Hijo con el Padre. Así como ha elegido lo frágil para hacerse presente (el pan y el vino) elige también lo frágil que son sus discípulos para seguir siendo visible a través del amor que ellos se tengan.

–Pero el Señor, siempre que nos pide o nos manda algo, nos capacita para poder llevarlo a cabo. Por eso nos deja su Espíritu Santo, El “Defensor”, el “Consolador”, para que Él haga posible que un poco de pan y un poco de vino transparenten su presencia, para que la llama del amor no se apague entre ellos y se manifieste en el amor mutuo, en la unidad entre ellos en nombre de Jesús y para que se transforme en servicio humilde.

–Celebrar la eucaristía ha de servir para todo ello, para actualizar la entrega de aquel amor hasta el extremo, que nos invita a nosotros a llevar nuestro amor hasta el extremo. Qas.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15)Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»Palabra del Señor

 

 

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Domingo de Ramos

Domingo de Ramos--

Homilía

–Estamos en el pórtico de la Semana Santa, en el pórtico de la entrada de Jesús en la ciudad que conocerá los hechos que celebramos en la Semana Santa.

o   El Hijo de Dios, que entró en nuestro mundo en la humildad de un pesebre de madera, sale de nuestro mundo en la humildad del leño de la cruz.

o   Es un Dios que se despoja de su poder para poder compartir nuestra vida, nuestra historia. Un Dios que se abaja, que se agacha, que se humilla, que se revela en lo pequeño y en lo sencillo.

o   Jesús entra en Jerusalén en un humilde burro, rodeado de gente sencilla.

o   Jesús, y Dios en él, se expone en su última semana al zarandeo del hombre, a ser dominado, pisoteado, ultrajado, matado por el hombre. Se diría una semana de conflicto del hombre con Dios, que no al revés. Una semana, que al confrontarse con Dios, el hombre pone al descubierto su corazón. Una semana para que cada uno se concare con Dios y deje al descubierto la verdad y la mentira que lleva dentro.

–La Semana santa es para vivirla desde el silencio contemplativo.

o   Jesús calla la mayor parte del tiempo; tanto, que extraña a sus interlocutores: ¿No dices nada?… y Jesús callaba. Mejor dicho, hablaba con sus silencios, con sus gestos, con su actitud, con su figura.

o   Es una semana también para callar nosotros: para disipar la superficialidad, para no descentrarnos, para escuchar, para contemplar, para dejarnos impactar.

–Dejemos que nos invada el silencio de Dios, el silencio de la muerte de Jesús y dejemos que nuestro corazón responda. QAS.

Evangelio

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (22,14–23,56):
En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
C. Y se pusieron a acusarlo diciendo
S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos
al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilatos le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. El le responde:
+ «Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.
C. Pero ellos insitían con más fuerza, diciendo:
S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes,
que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio
C. Herodes, al vera a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre si.
Pilato entregó a Jesús a su voluntad
C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:
S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos vociferaron en masa:
S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».
C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Por tercera vez les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.
Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: «Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado». Entonces empezarán a decirles a los montes: «Caed sobre nosotros», y a las colinas: «Cubridnos»; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿que harán con el seco?».
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:
+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.
Este es el rey de los judíos
C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:
S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».
Hoy estarás conmigo en el paraíso
C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada».
C. Y decía:
S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
C. Y, dicho esto, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:
S. «Realmente, este hombre era justo».
Palabra del Señor
Evangelio segúnsegún san Lucas (22,14–23,56):
En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
C. Y se pusieron a acusarlo diciendo
S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos
al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilatos le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. El le responde:
+ «Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.
C. Pero ellos insitían con más fuerza, diciendo:
S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes,
que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio
C. Herodes, al vera a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre si.
Pilato entregó a Jesús a su voluntad 
C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados	y al pueblo, les dijo:
S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado	delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos vociferaron en masa:
S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».
C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Por tercera vez les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa	que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.
Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán:
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Sorteo Manos Unidas

Sorteo Manos Unidas

 

 

Han sido entregados los premios (actualizado: 31 marzo 2016):

1º: Televisor 40″

2º: Mini-Tablet

5º: Cazuela de cocina

6º: Jarrón de cerámica

7º: Virgen del Romeral, de cerámica.

8º: Centro y Cenicero, de cerámica

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Horarios Semana Santa

Horarios Semana Santa-Horarios Semana Santa

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IV Domingo de Cuaresma

Hijo pródigo

Domingo 4º de Cuaresma: Evangelio y Homilía

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.» Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mi nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.» El padre le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»» Palabra del Señor

Homilía

4º Dom cuaresma / Binéfar – 2016

™La llamada a la conversión, se nos da bajo el prisma de la Reconciliación: “Dios, por medio de Xto nos reconcilió consigo”.

©Reconciliarse: restaurar una relación que se había roto (deteriorado, apagado, debilitado); pasar de un estado de hostilidad a uno de amistad.

©Nos podemos preguntar:

Ä   ¿Soy consciente de que debo reconciliarme con Dios?; e.d., ¿soy consciente de que me he separado de Él?; no digo si “he pecado”, pues parece que se refiera, ante todo, a hacer cosas malas o cosas mal, sino a la conciencia de estar separado, alejado de Dios.

Ä   ¿Estoy reconciliado conmigo mismo o, como decía Machado: “en paz con el mundo y en guerra con mis entrañas”

Ä   ¿Estoy reconciliado con el mundo, con mi entorno o en guerra con él? Allá donde estoy y me muevo, ¿llevo paz o crispación?

Ä   De todas mis relaciones, ¿tendría que reconciliarme con alguien? ¿hay alguien con quien mi relación sea fría, tensa, se haya deteriorado, esté herida o se haya roto?

™Para reconciliarse, hace falta que una de las dos partes se acerque a la otra. En nuestro caso, es Dios siempre el que sale a nuestro encuentro: “Dios, por medio de Xto nos reconcilió consigo”.

©En la parábola del evangelio, es claramente el Padre, el que sale al encuentro del hijo pequeño, el hijo pródigo.

©El protagonista de la parábola es el padre, que representa a Dios-Padre. Los hijos representan la postura que podemos tomar ante Dios, las personas.

™El hijo menor…

©Pide la parte de la fortuna que le toca: es la seducción del pecado, de cualquier pecado, que nos hace creer que fuera de la casa paterna vamos a ser más felices, más libres; como si Dios fuera el rival del hombre, y no su aliado.

©El padre les reparte los bienes: el padre quiere a su hijo, pero no le retiene a la fuerza; Aun a precio de que se pierda, le deja marchar. El amor de las personas sólo es posible desde la libertad; sólo se demuestra cuando hay libertad.

©El que marchó orgulloso y seguro de sí mismo, va cayendo peldaño a peldaño de su pedestal y acaba realizando algo humillante para un judío: cuidar cerdos. No quiere ser hijo y acaba siendo esclavo.

©Pero hay algo que el hijo pequeño hace bien: recapacita; éste el punto de inflexión de la parábola. Asume que está como está por culpa suya; no echa las culpas a los demás ni a su padre por dejarlo marchar, ni a la sociedad. Se da cuenta y reconoce su vacío, su aislamiento: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Y busca ayuda; tiene la suficiente humildad como para dejarse ayudar. Ahí está la clave: está dispuesto a dejarse ayudar.

™El padre…

©Ahora es cuando vuelva a entrar en escena el padre. El respeto por la libertad del hijo, el no ir a buscarlo para hacerlo volver por la fuerza no supone indiferencia hacia él. Lo podemos deducir de la reacción del padre, que dice que estando todavía lejos lo vio (señal de que, a pesar del tiempo transcurrido, seguía observando el horizonte cada día para ver si divisaba a su hijo volver un día); se conmovió: se le removieron las entrañas, el corazón le dio un vuelco de alegría. Y a pesar de su edad, se echó a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Mientras el hijo camina humillado, el padre corre por la emoción.

Ä   Dios Padre, que tampoco nos retiene a la fuerza, espera pacientemente nuestra vuelta; nos espera vigilante; y se emociona y sale a nuestro encuentro cuando retornamos a Él.

Ä   Tan contento estaba el padre, que ni siquiera oye la confesión de su hijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.  O no la quiere oír; lo importante ahora no es eso, sino disfrutar del hijo que ya daba por perdido. La humillación y la conversión del hijo queda eclipsada por el amor misericordioso del padre. La reconciliación es más obra del padre bueno que del hijo pródigo.

  • Nuestro perdón es más fruto del amor misericordioso de Dios que de nuestro arrepentimiento. Cuando nosotros nos arrepentimos, en el mejor de los casos, Él ya nos había perdonado.
  • Por eso el sacramento del perdón tiene más de festivo que de penitencial.

™Pero hay alguien que no participa de esta alegría: el hijo mayor, figura que hace de contrapunto a toda la escena y que representa a los fariseos; representa la tentación de la persona religiosa, la cumplidora, la que nunca se ha desviado ni a derecha ni a izquierda. Lo malo del hijo mayor no es que su conducta fuera intachable, sino que no estaba motivada por el amor. El Padre sale por el hijo mayor como había salido también por el pequeño. Pero el mayor se niega a entrar. Se niega a aceptar a su hermano. Al rechazar al hermano rechaza también al padre. El padre se limita a exponerle lo que significa ser hijo: “Todo lo mío es tuyo”.

©Sería bueno que nos examináramos cada uno si no tenemos algo del hijo mayor. Si nuestro esfuerzo por ser buenos, es decir, bueno hijos del Padre, es para nosotros nuestra propia paga y satisfacción, o si eso alimenta nuestro resentimiento hacia los que viven menos preocupados por hacer el bien.

©Sería bueno que agradezcamos a Dios Padre que se haya fijado en nosotros, que haya tocado nuestro corazón para sentirnos sus hijos y para esperar de nosotros que nos comportamos como hijos. QAS.

 

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24 horas con el Señor

El Papa Francisco convoca de nuevo, a todas comunidades cristianas de la Iglesia universal, a celebrar las “24 Horas para El Señor”. Esta práctica religiosa ya se hizo en los dos años anteriores pero, justamente en la Cuaresma de este “Año de la Misericordia”, la invitación del Papa es más precisa.

El Papa Francisco presidirá una liturgia penitencial en la Basílica de San Pedro, el viernes 4 de marzo, indicando así que el sacramento de la Reconciliación está en el centro del camino de la Nueva Evangelización en toda la Iglesia. Y nos invita a realizar el mismo gesto, para ser como Jesucristo, portadores de la Misericordia del Padre.

Son días especiales para que, en las parroquias, se hagan celebraciones del Sacramento de la Penitencia y tiempos de Adoración Eucarística.

Desde la Vicaría de Pastoral de nuestra diócesis se ha enviado a los párrocos una Carta para convocar estas “24 Horas para El Señor” y guiones para la oración y las celebraciones.

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3º Domingo de Cuaresma-Homilía

 En las 1ªs lecturas de este tiempo de cuaresma, vamos recorriendo los grandes hitos de la Hª de la salvación
 1º: una oración litúrgica de acción de gracias. por la tierra que el pueblo de Israel había recibido del Señor.
 2º: Alianza que Dios hizo con Abraham, el padre de los creyentes
 Hoy: la llamada y el envío de Moisés, por medio del cual realizará la liberación del pueblo de Israel oprimido en Egipto
 Yahveh Dios se manifiesta a un pastor del desierto que había huido de Egipto llamado Moisés
 Ese Dios que habita en una luz inaccesible quiere hacerse accesible, quiere mezclarse en los asuntos humanos muy directamente; quiere compartir su suerte con un humilde pueblo que vivía esclavizado en Egipto.
 Su amor era tan grande que no le bastaba con asistir a los dramas de la humanidad desde la barrera
 Ese Dios, que lo puede todo, podría haber hecho lo mismo pero mucho más fácil y rápidamente de un plumazo: con un milagro hubiera podido evitarse las incertidumbres, las vacilaciones, los retrocesos, la desobediencia del pueblo en una palabra que costaría a la postre la liberación de Egipto y los largos años de caminar por el desierto. El Señor quiso necesitar de ayuda, por eso llama a Moisés y le pide que se deje enviar en su nombre.
 La reacción de Moisés ante el prodigio de la zarza ardiente es muy humana: Moisés quiere saber quién le llama, quién le está requiriendo. Por eso le pregunta ¿cuál es tu nombre?
 No estaría mal que nosotros nos hiciéramos la misma pregunta: creemos en Dios, pero ¿cuál es el Dios en que creemos?, ¿cómo es nuestro Dios, en el que creemos?
 Es una pregunta que nunca estará respondida de forma adecuada porque Dios no es un concepto sin más, que podamos encuadrar en una definición definitiva. Dios por definición es el que no se puede definir ni delimitar; Dios es siempre más que lo mayor que podamos pensar de Él.
 Además, Dios es tan sorprendente como la respuesta que da a Moisés: “Yo soy el que soy”, que puede significar:
 Yahveh, el que es, el que existe por sí mismo y por el cual existe todo lo que existe
 Yahveh, el Dios de vuestros padres, un Dios que considera hijos y amigos a los hombres, que se compromete con los hombres y sella con ellos una Alianza
 Yahveh, el que ve, que oye, que siente, que no es indiferente alo que ocurre en el mundo, sino que se compadece y sufre por nosotros
• El que viene, el que se acerca, el que ayuda, el que acompaña, el que se hace Emmanuel, e.d. Dios con nosotros
 El Dios que libera de la opresión y de la esclavitud, sea del tipo que sea. Es el Dios de la Pascua, del paso de la opresión a la libertad, de la muerte a la vida.
 El Señor, es otra peculiaridad suya, siempre que llama es para enviar, porque llamar por llamar, sería tontería, como diría alguno. Él llama y envía; si llama es porque quiere enviar. La misión siempre acompaña a la visión.
 El Señor sigue llamando hoy para hacerse presente en medio del mundo, para seguir liberando y anunciando que Dios está con nosotros y a favor de nosotros.
 Hemos de tomar conciencia de la necesidad de la vocación sacerdotal y del servicio, que mejor o peor, con todas nuestras limitaciones prestamos los sacerdotes
 Hemos de tomar conciencia que todos somos responsables de crear un ambiente propicio en nuestra parroquia, en nuestras familias para que puedan surgir vocaciones de entrega al sacerdocio.
 Que todos somos responsables de suscitar y descubrir jóvenes o no tan jóvenes que puedan ser candidatos al sacerdocio y se animen y preparen para ir al seminario
• Porque en definitiva el sacerdocio es un servicio que todos necesitamos como cristianos.
 La eucaristía que celebramos responde a la misma dinámica vocacional que encontramos en la vida de Moisés y en la vida de aquellos que hoy se siguen comprometiendo con el seguimiento de Cristo: sentirnos convocados para gozar dela presencia del Dios para sentirnos enviados a dar testimonio de Él en nuestra vida. QAS.
Moisés

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Premios del sorteo de Manos Unidas

Premios Manos Unidas

1º: TV de 40”

2º: Mini-Tablet Primux-tech (Android 4.0, 8 Gb, Wifi, Pantalla 9,7’’, batería 6.600 mAH)

3º: Camino de mesa

4º: Nacimiento, en cerámica.

5º: Cazuela de cocina,

6º: Jarrón de cerámica

7º: Virgen del Romeral, en cerámica

8º: Centro y cenicero de hojas de vid de cerámica

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Miércoles de ceniza

Miércoles de ceniza

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Año Jubilar de la Misericordia

Año de la Misericordia

A continuación, el texto completo de la oración del Papa Francisco para el Jubileo de la Misericordia:

Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo,
y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.
Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.
Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero;
a la adúltera y a la Magdalena de buscar la felicidad solamente en una creatura;
hizo llorar a Pedro luego de la traición,
y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.

Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana:
¡Si conocieras el don de Dios!
Tú eres el rostro visible del Padre invisible, del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia:
haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.

Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad
para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error:
haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.

Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción
para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor
y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres
proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos y restituir la vista a los ciegos.

Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia, a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Amén.

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