II Encuentro de laicos cristiano de Aragón

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V Domingo de Pascua

V domingo de Pascua

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,1-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

Palabra del Señor 

El tono luminoso de los primeros domingos de Pascua cede en este domingo de modo sorprendente a una atmósfera algo apesadumbrada, incluso triste. El Evangelio recoge palabras de los discursos de despedida de Jesús antes de la Pasión, que en el contexto de la Pascua se entienden como preparación para la Ascensión, es decir, para la desaparición física de la presencia de Jesús entre sus discípulos. En realidad, la desaparición física de Jesús tiene lugar con su muerte en la Cruz. Pero no cabe duda de que después de la muerte hubo un período especialísimo, en el que se multiplicaron las experiencias de presencia del Resucitado, experiencias de gran intensidad en las que los discípulos, en situaciones y circunstancias distintas, tuvieron la evidencia de que Jesús estaba vivo, había Resucitado. Fueron experiencias fundacionales, que tuvieron la virtualidad de reunir de nuevo a los que se habían dispersado tras la muerte, y en las que la partición del pan y la actualización de las palabras de Jesús tuvieron un protagonismo principal.

Sin embargo, ese período de extraordinaria intensidad debió ir cediendo poco a poco a una estabilización, normalización e institucionalización. Y no es extraño que en esa nueva situación los discípulos, sobre todo los de primera hora, sintieran una cierta nostalgia: nostalgia de la presencia física del Maestro, tal como la experimentaron antes de su muerte y resurrección; y nostalgia de ese periodo postpascual de extraordinaria actividad del Espíritu e intensas experiencias de la presencia de Jesús resucitado en la comunidad.

La nostalgia puede convertirse en una mala consejera, que genera turbación, desconfianza y miedo al incierto futuro. Las cosas no son como eran, ¿cómo serán, entonces, en el futuro? Jesús nos exhorta a la confianza en Dios y en Él mismo, nos anima a no dejarnos vencer por el desconcierto o el temor a mirar hacia adelante, y a hacernos al camino que él ha abierto (va abriendo) para nosotros. Pero, nosotros, atenazados por el miedo, respondemos que no vemos el sentido y la meta, que no sabemos qué hacer, ni para dónde tirar. Afloran entonces las tentaciones de buscar falsas seguridades: la seguridad económica, la seguridad del éxito social que podemos intentar comprar, la seguridad que proporciona vivir encerrados en nosotros mismos, evitando el riesgo de la confrontación con el mundo, a veces hostil, al que Jesús, sin embargo, se empeña en enviarnos. “No sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?” La objeción del siempre realista Tomás tiene muchos quilates, y nos debería hacer reflexionar, porque esa objeción nos refleja muy bien a todos de un modo u otro. Nos cuesta mucho entender el camino de Jesús, la lógica de sus acciones, el verdadero sentido de su vida y de su muerte. Y, aunque “en general” lo tengamos claro (Jesús es el Hijo de Dios que murió por nosotros y resucitando nos dio nueva vida, etc.), cuando se trata de ir nosotros por ese camino por el que nos invita a seguirle (“adonde yo voy, ya sabéis el camino”) nuestra comprensión se oscurece y asoma el desconcierto. Eso puede ser así en ciertos momentos de nuestra experiencia personal, en la que nos seguimos rigiendo tantas veces por la lógica del éxito mundano (según la mentalidad más primitiva de la retribución inmediata) y no por la extraña lógica de la Cruz, la elegida por Jesús, que significa no doblegarse de ningún modo ante las fuerzas del mal, ni siguiera para lograr algo pretendidamente bueno. Pero puede reflejar también la experiencia de la Iglesia, especialmente en momentos de crisis, como el que, al parecer, vivimos ahora, especialmente en el mundo occidental: podemos tener la sensación de encontrarnos en un callejón sin salida, en un proceso de lenta desaparición de la fe y de la misma comunidad eclesial, en esta cultura tan profundamente marcada por una experiencia secular de cristianismo, de la que, al parecer, ahora esa cultura quiere renegar.

Si decimos que no sabemos el camino, que no sabemos qué hacer, que no sabemos por dónde tirar, es que no sabemos ni conocemos a Cristo: porque él mismo es para nosotros camino: “quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él” (1 Jn 2, 6). Que Jesús es camino, verdad y vida significa que no es un mero referente teórico, ni sólo un hermoso ideal, sin incidencia en nuestra vida; es un camino verdadero, el camino que conduce a la verdad de nuestra vida, el camino que conduce a la vida plena, a la comunión con Dios, nuestro Padre. Pero hay que hacerse a ese camino, seguir por él a Jesús, aunque nos lleve a la Cruz, a esa realidad difícil y paradójica en la que la aparente derrota se convierte en victoria, la muerte, en vida.

Sin embargo, no terminan ahí las objeciones. Jesús insiste en que yendo por el camino que nos propone y que es él mismo estamos ya en contacto con el Padre, al que ya conocemos y hemos visto. Se percibe en estas palabras de Jesús una gran confianza en la eficacia de la enseñanza viva que ha transmitido a sus discípulos, a nosotros que creemos en él. Pero ahora es Felipe el que expresa lo “torpes que somos para entender” (cf. Lc 24, 25; Mc 4, 13). Y, sin embargo, en las palabras de Felipe (“muéstranos al Padre”) hay un gran fondo de razón. Queremos ver. Es cierto que por la fe en Jesucristo llegamos a ver y entender muchas cosas. Pero no deja de ser también verdad que en las condiciones de nuestro mundo “vemos como en un espejo, confusamente” (1 Cor 13, 12). Y hay que tener en cuenta que en tiempos de Pablo los espejos no eran el vidrio con metal azogado de ahora (que se inventó en el siglo XIII), sino superficies de bronce o cobre bruñido que permitían un reflejo muy deformado de la realidad. Especialmente cuando cunde el desconcierto y la inseguridad, el deseo de “ver” directamente se intensifica hasta la angustia. Pero la respuesta de Jesús, una vez más, es una llamada a una fe que es confianza. Hay realidades que no podemos ver, así, sin más, directamente. Si alguien le dice a su amigo que quiere “ver” su amistad, o a la persona amada que quiere “ver” su amor, o el que padece injusticia exige “ver” la justicia en sí… ¿qué se les puede responder? Las realidades más importantes y esenciales de nuestra vida no son directamente visibles, porque no son cosas, objetos a la mano de los que podemos disponer. La amistad, la justicia y el amor se pueden expresar en signos que los hacen patentes; pero para “ver” en esos signos la presencia de esas realidades hace falta también, por parte de quien mira, determinadas disposiciones: apertura, acogida, confianza.

Si lo dicho de eses dimensiones es verdad, tanto más lo ha de ser respecto de Dios. “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único… lo ha dado a conocer” (Jn 1, 18). El “signo” que Dios nos ha dado para hacérsenos visible es su propio Hijo: mucho más que un mero símbolo, como una inerte señal de tráfico, es una presencia viva en relación directa con Dios: “ver” a Jesús como el Hijo de Dios significa descubrir en él la paternidad de Dios, ver en él al Padre. Jesús es el único camino que nos conduce al Padre, y él es la presencia visible del Dios que se ha revelado como Padre de Jesús y, en Jesús, de todos nosotros. Pero también para este “ver” hace falta la fe, en forma de confianza, a la que Jesús nos exhorta al principio del Evangelio. Y, al final, remata la exhortación apelando a las obras: si persisten las dudas o el desconcierto en nuestro corazón “al menos, creed a las obras”. ¿Qué obras son esas? La obra de Jesús por excelencia es su entrega en la Cruz por amor, y su resurrección, en la que el amor triunfa sobre la muerte. Es el triunfo del Espíritu, que es el vínculo entre el Hijo y el Padre, y la garantía de la presencia de Jesús en su Iglesia, en la comunidad de sus discípulos, y que, pese a la sensación de ausencia que en ocasiones nos embarga, es una presencia real, efectiva, operativa: también ahí hay que creer en las obras. Hoy no se habla todavía del Espíritu, pero es él el que va tomar el protagonismo en la recta final del tiempo pascual, y hoy, de manera indirecta (más claramente en la segunda lectura) se empieza a percibir ese protagonismo.

En síntesis, en estos tiempos de desconcierto e incerteza Jesús nos llama a la fe, a la confianza, a la apertura y, también, a la actitud activa que, dejando a un lado todo temor y nostalgia de tiempos pasados, se pone a la tarea de discernir el modo de responder a los problemas reales de nuestro tiempo para, en fidelidad al Espíritu, seguir construyendo el templo de Dios en el que los hombres y mujeres de hoy puedan encontrar su lugar y, mirando al Hijo, puedan ver al Padre.

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Virgen del Romeral

El Romeral 1El Romeral

 

V Concurso de Piropos a la Virgen del Romeral:

GANADORES

(J. de Pano).- Informamos desde Revista “El Romeral” de Binéfar (Huesca) que en la mañana de hoy, día 1 de mayo de 2014, en solemne y concurrido encuentro de binefarenses, se ha celebrado la CCCXXIV Romería y cumplimiento de voto a la Virgen Patrona de Binéfar, así como el Acto de lectura y entrega de premios a los galardonados en la V Edición del Certamen Poético de Piropos a Ntra. Sra. del Romeral.

NOMBRES DE LOS GANADORES DEL 5º CERTAMEN

Infantiles:

1er Premio:

Oscar Antonio Villas Casado

 

Te quiero cantar una jota,

Virgen del Romeral.

Una jotica de Binéfar

que al cielo te puedes llevar.

Pero tengo un problema grande,

Virgen del Romeral.

Un problema que no se solucionar:

Soy joven y no se cantar.

La solución es fácil,

Virgen del Romeral,

no voy a cantarte,

te la voy a recitar.

Con voz baja, como un susurro,

Virgen del Romeral

Madre del cielo, amor verdadero,

una jotica te quiero cantar.

Accesit 1º:

Inés Escuder Abadía

Tan bonita y amable

no la supera, ni una tablet.

prefiero su corazón

a ver la televisión.

Y aprender de sus acciones

a ir al parque de atracciones

o saber cómo era

antes que ir a la bolera

Yo no te miento

pues esto es lo que siento,

y aunque no sean muchos versos

están para darte un montón de besos.

Accesit 2º:

 Alejandro Ibarz Quintilla

 Todos los años el 1 de mayo en romero me convierto

y a tu ermita subo en procesión

cantando alabanzas a Ti, Virgen del Romeral.

Como la melodía de un concierto,

llega al cielo nuestra canción

para llenar con una sonrisa tu cara angelical.

Flores y besos llevo en mi corazón

para que me ayudes en el año de mi comunión.

Dulce Virgen, dulce Madre yo te pido un favor,

que con mi esfuerzo y tu ayuda cada día sea mejor.

Premio local de adultos:
1º Pilar Ortiz Calvera

Reina de mi corazón

Odas te voy a cantar

Madre de todos nosotros

Estrella del Romeral

Rocío de verdes campos

Aurora de la mañana

Luz y refugio de tantos.

1º Premio internacional de adultos:
Sandra Palacios Garrán

Tu nombre sabe a campo y serranía,
a luz en despertar del mes de mayo,
a aroma de romero sin desmayo,
a mensaje de Amor y de alegría.

Tu nombre es como el verde, se diría
esperanza encendida como un rayo.
Ni me olvido tu nombre, ni lo callo,
Virgen del Romeral, Virgen María.

Tu nombre sabe a luz y campo abierto,
sabe a mano de Madre delicada
y al celeste de un cielo descubierto.

Tu nombre es esperanza adivinada
en este mundo pertinaz e incierto.
Tu nombre es el que alumbra mi alborada.

Sandra Palacios Garrán.
Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)

romeral

 

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Semana Santa 2014

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Concurso «PIROPOS a la Virgen del Romeral»

PIROPOS

  BASES

1ª         Podrán participar en este concurso todas las personas de habla hispana que, vinculadas o no a Binéfar, deseen piropear a la Virgen del Romeral con sus versos, excepto los ganadores de anteriores ediciones. 

2ª         Los trabajos, dirigidos a: V Concurso de “Piropos a la Virgen del Romeral”. Centro Parroquial. C/ La Iglesia, Nº 12; 22500 Binéfar (Huesca), se presentarán por quintuplicado y encabezados por un lema, e irán en sobre cerrado, acompañados en su interior de otro sobre con los datos identificativos del poeta y en cuyo exterior figure el lema elegido por éste. 

3ª         El plazo de admisión de las obras se cerrará el día 16 de abril de 2014.

4ª         El tipo de composición, su métrica y su rima serán libres; si bien, todos los poemas deberán ser originales, estar escritos en castellano y no exceder de catorce versos.

5ª         Los poemas premiados quedarán en propiedad de la Parroquia de Binéfar. Los no premiados se guardarán a disposición de sus autores, que podrán retirarlos durante los dos meses posteriores al certamen. Pasado este plazo, los poemas no reclamados serán destruidos.

6ª         Se establecen tres categorías de premios:

General de Adultos …..…………… 1 premio de 300 €.

Mejor Poeta Local  ..………………. 1 premio de 150 €

Infantil (hasta 14años) ……………. 3 premios de 50 €

7ª         Las obras que opten a la categoría infantil deberán hacer constar la edad del autor.

8ª         Los premios se comunicarán a los ganadores con antelación para que puedan asistir, si lo desean, al acto de su recitación y entrega de galardones, que tendrá lugar tras la eucaristía que se celebrará el día 1 de mayo de 2014 en la ermita de Ntra. Sra. del Romeral. 

9ª         El jurado, podrá declarar desierto cualquiera de los premios si el nivel de los trabajos presentados no fuese el aceptable. Así mismo, tendrá derecho a resolver cualquier conflicto que la interpretación de estas bases suscite. Para posibles aclaraciones: revistaelromeral@yahoo.es

 

 

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Inauguramos la pagina web de la parroquia

La Parroquia de San Pedro Apóstol de Binéfar (Huesca) ya dispone de su espacio en Internet, con una Web a través de la cual nuestros fieles podrán informarse de la actualidad de la parroquia así como de los eventos que se hagan desde la misma, al igual que poder conocer el resto de información de nuestra parroquia, que algunos desconoceréis, y para los que sean nuevos, podrán así informarse.
 
Este proyecto en Internet, lugar donde hay que estar en la actualidad de nuestros días donde tenemos que ir progresando, ha sido posible gracias a la donación de Ferretería García, a quien agradecemos su gesto.
 
Esperamos que este espacio sea un punto de reunión e información para nuestros feligreses y que sea acogido con buena aceptación por parte de todos. Por nuestra parte iremos manteniendo la Web activa con información para todos.
 
¡Gracias por visitarnos!

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