Manifiesto por la paz

MANIFIESTO POR LA PAZ

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La búsqueda de la paz es algo común de todos los seres humanos. Se trata de algo que todos anhelamos sentir, pero que en un mundo tan acelerado como en el que vivimos, la búsqueda de la paz, puede resultar bastante difícil.

Por su alto valor a nivel mundial, la paz de la  humanidad ha sido galardonada con un Premio Nobel que se otorga año tras año a aquellas personas que trabajan  por defenderla.

Además de ser la paz, algo que el ser humano en general busca para sí, la paz mundial, es decir, la ausencia de conflictos entre y dentro de las naciones del mundo, ha sido objetivo central de organizaciones mundiales, aunque la paz no depende de las decisiones de altos funcionarios, sino de lo que llevamos en el interior, dentro de nuestro corazón y en nuestro cerebro.

Lograr sentirse en paz, requiere un proceso intenso, en el que las personas deben preparar un camino de vida en el que no exista la posibilidad de generar conflictos y problemas que la afecten, aún teniendo presente que la vida misma tiene períodos de grandes dificultades, en los que después de una sana lucha se puede obtener la paz. Andar plácidamente entre el ruido y la prisa y recordar que la paz se puede encontrar en el silencio.

A veces tenemos el impulso de hacer notar los errores de nuestros interlocutores; expresamos nuestro punto de vista en el momento menos oportuno; corregimos actitudes sin medir palabras, mostrando intolerancia e incomprensión.  Por eso, es muy importante pensar con serenidad y con calma antes de tomar cartas en el asunto.

Para lograr la paz interna se requiere de mucha tolerancia, de respeto propio y a los demás, de aceptación, de esfuerzo, etc. Esa paz termina por proyectarse al mundo exterior y abre senderos por los que es más sencillo caminar. Vivimos en una época en la que se habla mucho de armonía y paz interior, sin embargo pocos mencionan que una de las mejores formas de alcanzar estos ideales es mediante el espíritu de servicio hacia los demás.

La paz que se puede sentir también cuando se llega a la aceptación total en el momento de enfrentarse a una grave enfermedad, cuando existe la posibilidad de morir en ella. En ese momento no hay que dejar que nada perturbe la paz, ni entristecerse o deprimirse.  Sonreír  siempre, pase lo que pase, porque Dios acompaña siempre.  Él dará la paz que es más grande de lo que el hombre puede entender y esa paz cuidará el corazón y el  pensamiento. Se trata de mantener vivos, en todo momento,  la fe, la esperanza y el ánimo.

La paz que se refleja en el amor y la atención que los misioneros brindan a los demás y especialmente a quienes no pueden dar nada a cambio. En un principio, el que ha tenido el privilegio de seguir un tiempo conviviendo con ellos y compartiendo la alegría de los hermanos; pese a la dificultad normal de entenderse con los hombres y mujeres del  lugar,  en sus gestos y sus sonrisas se nota la cercanía que ofrecen. No se tiene idea de lo que supone una misión en el siglo XXI. Se piensa que es empujar un conjunto de ideas y no se tiene claro a que necesidades sirven. La experiencia cambia la manera de pensar. Se ve el trabajo de los misioneros en su deseo de dar lo mejor de ellos y sacar lo mejor de todas las personas que conocen. Todo ello vivido en profundidad y valorando el sentido humano del misionero, nos puede dar el reflejo de la inmensa paz que da la entrega al servicio de los demás.

El Papa San Juan Pablo II nos decía al respecto “La conquista de la paz a todos los niveles, está unida a la conversión del corazón y a un auténtico cambio de vida”. Y nombraba cuatro requisitos imprescindibles. La verdad, la justicia, el amor y la libertad.

Mantengámonos en paz con Dios, cualquiera que sea nuestro modo de concebirlo y cualesquiera que sean nuestras aspiraciones. Mantengamos en paz el alma en la bulliciosa confusión del planeta, que con todos sus sueños fallidos sigue siendo hermoso. Esforcémonos por ser felices. Feliz Navidad.

Pilar Bernadó Soler

ORACIÓN POR LA PAZ

En esta noche, recordamos de forma especial la visita del arcángel Gabriel, cuando anunció a María la encarnación del Hijo de Dios en su seno virginal. Es una prueba maravillosa de la confianza que Dios tiene en la humanidad, porque nos entrega el tesoro más precioso: A Jesús como nuestro Salvador.

Reconocemos que la sociedad de hoy ha perdido notablemente la confianza en Dios y en las personas, por eso las familias y las comunidades se desintegran y no logran relacionarse con armonía.

Por eso, una vez más, todos juntos como hermanos levantamos la Oración por la Paz y lo hacemos con fe y confianza en Aquel que nació como la Luz del mundo:

“Dios y Padre bueno, amas tanto a la humanidad, que en un momento dado de nuestra historia, enviaste a tu propio Hijo, para que compartiera plenamente nuestra vida, con sus alegrías y sus tristezas. Aquella quedó marcada como la primera Navidad.

María, una joven de Nazaret, se ofreció para ser la madre de tu propio Hijo Jesús, el Emmanuel nació pobre entre los pobres, pero esta elección nos reportó la mayor riqueza: Poder llegar a ser hijos tuyos.

Ayúdanos, oh Dios, Padre de toda bondad, a vivir los valores que vivió Jesucristo en su familia, que transmitió luego a sus discípulos y por Tu Gracia nos ha llegado a nosotros. Oramos por la Paz y bendícenos. Amén”.

Blandina Ronsano Obradors, Pastora Iglesia Evangélica Bautista de Binéfar

Señor, sólo te pido un día de paz.

Navidad es el día de tregua de todas las guerras. Por eso te pido, Señor, sólo un día de paz.

Paz interior que se irradie en nuestro rostro, en nuestros actos, en nuestro entorno.

Paz en nuestras familias: que toda vida concebida sea acogida y esperada con amor. Que a las parejas no les encuentre enojadas al acabar el día. Que los mayores sean un trofeo en nuestros hogares. Que los hijos y los padres lleguen a entenderse aunque hablen idiomas diferentes.

Paz en nuestro pueblo: que, por encima de nuestras diferencias, nos sintamos todos concernidos para trabajar por el bien común.

Paz entre las religiones: que la fe que profesamos cada cual sea parte de la solución a la paz del mundo y no parte del problema.

Paz en nuestro país: que todos respetemos y nos sintamos respetados por las opciones ajenas. Que todo el que busque trabajo, lo encuentre, en condiciones dignas.

Paz en nuestro mundo: una paz, como decía el buen papa Juan (XXIII), asentada sobre los cuatro pilares de la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

Señor, hoy sólo te pido un día de paz.

Paco Cabrero, párroco de la Iglesia Católica de Binéfar

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