Lectura del santo evangelio según san Juan (3,13-17):
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» Palabra de Dios
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Homilía Santo Cristo de los Milagros – 14 de septiembre de 2014
- “Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Si no fuera por lo acostumbrados que estamos a ver cruces, esta afirmación de san Pablo tendría que chirriar a nuestros oídos como cuando chirría la tiza en la pizarra y nos produce un escalofrío que recorre nuestro cuerpo de arriba abajo.
- Los cristianos ponemos nuestra gloria en lo que fue lugar del fracaso, de la ignominia, de la humillación: la cruz.
- En la cruz se enterraron las esperanzas que los discípulos habían puesto en Jesús; en la cruz los poderes –romanos y judío- se confabularon para quitarse de en medio a un individuo incómodo para ellos; en la cruz se escenificó la maldición de Dios: “Maldito el que cuelga de un madero” dice la Escritura. La crucifixión del Justo representa la victoria del mal y del pecado, al menos momentáneamente, sobre el amor y el bien. La cruz, antes que nada, y no lo olvidemos, es un instrumento cruel de tortura y de represión.
- Humanamente, la gloria no asoma por ningún lado en la cruz.
- Sólo se puede captar toda la fuerza de la provocativa afirmación de San Pablo de que nuestra gloria es la cruz de Jesucristo, en la medida en que seamos conscientes del dramatismo, sin paliativos de la crucifixión de Jesús.
- La cruz es el lugar donde se manifiesta la fuerza terrible del pecado que es capaz de provocar en ella la muerte del justo; peor aún, la cruz es el lugar donde se consumó el deicidio.
- Por ello, en la cruz, como lugar donde se manifiesta con toda su crudeza la fuerza destructiva del pecado, por ello mismo, en ella se revelan las entrañas de misericordia de Dios.
- En la cruz es donde, de una manera más clara, se revela la profundidad del amor de Dios: hasta dónde fue capaz de llegar Dios en su identificación con el hombre, en la persona de su Hijo Jesucristo; hasta qué punto la misericordia de Dios es capaz de llegar; hasta qué punto Dios es capaz de llegar para reconciliar a la humanidad consigo; hasta qué punto Dios es capaz de perdonar.
- La cruz es locura de amor, es el amor de un Dios que es amor, que se ha vuelto loco de amor.
- La cruz es el lugar donde el misterio de Dios de hace más oculto y más patente a la vez, más oscuro y más luminoso. Más oscuro a la inteligencia pero más luminoso para la fe.
