HOMILÍA DE JUEVES SANTO

– Jueves santo

– Hoy es el Día del amor fraterno, el día en que recordamos el amor más grande, cuando Jesús anticipa para sus discípulos, en la Última cena, la entrega que se consumará al día siguiente en la cruz. En ese marco de la Última cena, ocurren acontecimientos significativos: la institución de la Eucaristía, la institución del ministerio sacerdotal, el lavatorio de los pies y la traición de Judas.

– En la primera lectura hemos recordado la Pascua judía como el memorial de la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, que los judíos celebran cada año. La Pascua judía se transforma en la pascua cristiana, de la que es testigo Pablo, tal como hemos escuchado en la 2ª lectura. La pascua que vive Jesús es su paso de este mundo al Padre, a través de su muerte y su resurrección, que es lo que recodamos en cada eucaristía, a la espera de su venida gloriosa.

– Al instituir la eucaristía y mandarle a sus discípulos: “Haced esto en conmemoración mía”, Jesús les inviste del carácter sacerdotal para que realicen de modo eficaz ese gesto. En nombre de Jesús y como servicio a la comunidad cristiana, los sacerdotes realizan el oficio de presidir la eucaristía, para que la entrega de Jesús se actualice para la comunidad cristiana y para que ésta actualice en su modo de vivir la entrega de Jesús.

o   Si Jesús muere como muere es porque ha vivido des-viviéndose por los suyos. Celebrar la eucaristía es asumir la responsabilidad de asumir la vida como servicio y reconciliación. Celebrar la eucaristía es tomar el alimento que nos fortalece para ello.

– Esta entrega se visualiza de una forma muy significativa en el lavatorio de los pies. Este gesto se solía realizar por los esclavos para la persona que entraba en la casa, como signo de hospitalidad y acogida.

o   Jesús, el maestro, da ejemplo de cuál ha de ser la actitud del discípulo, que podría llamarse “la revolución de la toalla”. Una acción que se realiza en tres tiempos:

  • Levantarse: de nuestros espacios de comodidad y seguridad, de nuestra inercia, rutina, de nuestras cobardías; y aventurarse a encontrarse con el otro, con toda su riqueza y sus problemas.
  • Quitarse el manto: que es signo de dignidad, de poder, de prestigio, que impide ponerse a trabajar.
  • Agacharse: ayudar desde abajo, a los que están abajo.

o   La actitud de Pedro de no dejarse lavar por Jesús puede indicar la actitud de no estar dispuesto a lavar los pies a los demás. Sólo quien se deja ayudar tiene la humildad para ponerse a ayudar a los demás.

El cuarto gesto es la traición de Judas, que podemos ser cualquiera de nosotros.

o   En Judas vemos patente la fragilidad que nos caracteriza a los seres humanos. Y, a la vez, el tremendo respeto de Dios por nuestra libertad. Jesús respeta la libertad de Judas hasta el punto de mojar pan en la misma fuente que él, de lavarle los pies, de dejarse besar por él en Getsemaní.

o   También nosotros podemos traicionar nuestra fidelidad a Jesús, nuestra opción por un estilo de vida que tiene su inspiración en él. Por eso necesitamos el alimento de la eucaristía y el ejemplo que el señor nos dejó.

Que la celebración hoy de la misa de la Cena del Señor nos ayude a comprenderla y a vivirla mejor y fortalezca nuestra comunión con Él. QAS

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