Homilía domingo 29º t.o. (16 de octubre de 2016)

viuda

  • ¿Cuántas veces hemos hecho un propósito de hacer oración y hemos acabado por desistir, con el tiempo?
  • Las lecturas que acabamos de escuchar son una invitación a la oración, con la confianza de que nuestra oración será eficaz. En concreto, se refiere a la oración de petición.
  • En la primera lectura, mientras que el ejército lucha, Moisés ora desde la montaña. Con el mazo dando no quita la otra parte de a Dios rogando.
    • El hombre moderno tiene una gran confianza en sus logros y posibilidades, hasta tal punto que parece no necesitar a Dios para nada. Sin embargo Jesús nos dice: “sin mí ni podéis hacer nada”. Con ello, Jesús no quiere decir que dejemos de hacer funcionar la inteligencia o las demás cualidades que Dios nos ha dado, sino que seamos capaces de ser humildes, de reconocer  nuestras limitaciones y, en definitiva, nuestra dependencia de Dios. Podemos mejoras nuestro bienestar, pero aunque eso tiene que ver, no es lo mismo que la salvación del ser humano en todos sus aspectos de su existencia.
  • Cuántas veces no nos hemos preguntado como el salmista: ¿de dónde me vendrá el auxilio?
    • Esta expresión nos ayuda a no ser autosuficientes, y a confiar en Dios además de en los demás.
  • Jesús, nos invita a ser perseverantes en la oración, como la viuda de la parábola.
    • Pero diferencia de la parábola, si hemos de rezar a Dios sin cansarnos, no es porque tengamos que convencerle a Él, sino más bien por nosotros. Dios ya sabe lo que necesitamos, más que nosotros mismos. Y Dios quiere nuestro bien y el de todos los hombres, más que nosotros mismos.
    • Pero Dios tiene sus tiempos y sus formas de hacer. En la oración más bien somos nosotros los que nos amoldamos a Dios, más que intentar amoldarle a Él a nuestros deseos. Al orar, somos nosotros los que sintonizamos con Él, en su misma longitud de onda, los que nos predisponemos a conocer y hacer su voluntad, más que Él haga la nuestra.
    • No olvidemos lo que pedimos en el Padrenuestro: que se haga su voluntad (no la nuestra).
    • No oramos para que Dios nos sustituya a nosotros en la búsqueda de solución a nuestros problemas, sino para que éstos los vivamos desde Dios.
  • Orar no ha de ser nunca una coartada para nuestra pereza, para dejar de hacer lo que está en nuestra mano.
    • Primero porque no es ése el sentido de la oración, como decía san Ignacio: Trabaja como si todo dependiera de ti, sabiendo que todo depende de Dios.
    • Y segundo, porque el pedir nos compromete a hacer por nuestra parte lo que está en nuestra mano, por conseguir aquello que pedimos a Dios.
    • Además la oración no la hemos de dejar como último recurso, cuando ya no hay nada que hacer, sino que es la primera tarea de la vida cristiana.
  • La fe y la oración se apoyan la una a la otra, como una muleta con otra: la oración es una expresión de fe y a la vez, nuestra fe crece con la plegaria.
    • Como dice una oración de la madre Teresa de Calcuta: El fruto del silencio es la oración… la fe… el amor… el servicio… la paz.
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