
Homilía de la Fiesta de la Virgen del Pilar
- La devoción a la Virgen del Pilar es como un árbol centenario, que se ha hecho frondoso y fuerte con el tiempo, y que ha echado raíces en Aragón, en España entera y en los países hermanos de Hispanoamérica.
- Ya desde muy pronto, hay presencia cristiana en Zaragoza, cuya fe edificó un templo dedicado a la Madre de Dios, bajo la advocación del Pilar, en memoria de la tradición según la cual, la virgen, en carne mortal, se apareció al apóstol Santiago la noche del 1 al 2 de enero del año 40 a orillas del Ebro.
- Y la imagen de la Virgen y su templo han ido creciendo a la par que lo ha hecho el pueblo de Aragón y su devoción hacia ella.
- Tanto ha calado la figura de la Pilarica en nuestro pueblo que un ateo confeso como Luis Buñuel decía que a él, la Virgen del Pilar no se la toquen.
- Pero para quien tiene un significado pleno el Pilar es para los cristianos. La imagen y el templo del Pilar hacen más nuestra, más cercana a la Madre de Jesús de Nazaret y madre de Dios. El significado maternal de María toma figura en la Virgen y en su Pilar. Allí toma cuerpo de generación en generación la que fue madre y discípula del Salvador. Ella presenta ante nuestros ojos y ante nuestros labios la ternura de Dios que se nos ofrece por la Virgen María.
- El amor de su pueblo a la Virgen del Pilar se expresa a través de la visita a su camaril, en invocarla en las necesidades y en la acción de gracias por su intercesión; en la ofrenda de flores y en la jota, en la medalla, en la estampa, en la imagen que tenemos en casa, en el beso a su columna, en las obras sociales promovidas en su nombre.
- Conviene no olvidar aquellas palabras de san Juan Pablo II, en su visita a Zaragoza en 1982: “Esta herencia de fe de tantas generaciones ha de convertirse no sólo en recuerdo de un pasado, sino en punto de partida hacia Dios”. Ha de ser una tradición pero tradición viva, recreada en cada momento de la historia, en el corazón de cada creyente. Por eso volvemos nuestros ojos y nuestra confianza hacia ella, para que nos acompañe, nos guíe, y nos sostenga en la lucha ante los retos que hemos de afrontar en nuestro tiempo: la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, ser una Iglesia en salida hacia los jóvenes, hacia los que tienen otro credo o ninguno, hacia los que han perdido la esperanza y la ilusión de vivir, hacia los que carecen de lo más elemental; la defensa de la familia y de la vida desde su concepción hasta su fin natural; la evangelización del mundo de la cultura, de la economía, de la política, de las redes sociales, de la reflexión intelectual; de la lucha por la justicia y el desarrollo, ante los desequilibrios de nuestro mundo, ante los refugiados, ante el desempleo y la pobreza, ante la violencia en todas sus manifestaciones.
- Santa María del Pilar, danos la fortaleza, la lucidez y el ánimo para seguir proclamando el Evangelio de tu Hijo y para seguir luchando, con la ayuda de tu intercesión, para plasmarlo entre los varones y las mujeres de este tiempo nuestro. QAS.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,27-28):
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
Palabra del Señor