«TUVE HAMBRE Y ME DISTEIS DE COMER»
Los primeras cristianos nos han transmitido que Jesús vivió totalmente volcado hacia los más necesitados, hacia los que llama «mis hermanos más pequeños«. Este Jesús vive plenamente lo que dice: «sed compasivos como vuestro Padre es compasivo«. Para Él la compasión es el criterio último y decisivo que juzgará la vida de sus discípulos, de cada uno de nosotros, pues lo que da valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado. Lo decisivo es el amor práctico y solidario con los necesitados. Un amor que se traduce en un hecho concreto. «Me disteis de comer».
Este día,. en que celebramos que somos «una sola familia humana«, proclamamos con el Papa Francisco, como en un gran rugido, que los «alimentos que hay bastarían para quitar el hambre a todos».
El Papa Francisco ha invitado «a todas las instituciones del mundo, a toda la Iglesia y a cada uno de nosotros mismos, como una sola familia humana, a dar voz a todas las personas que sufren silenciosamente el hambre, para que esta voz se convierta en un rugido capaz de sacudir al mundo».
Cada uno de nosotros puede hacer mucho para luchar contra el hambre y la pobreza. Veamos posibles acciones:
1.- Defender la dignidad de la persona es lo primero.
2.- Aumentar la conciencia social sobre el derecho a la alimentación.
3.- Trabajar por humanizar el sistema económico.
4.- Llevar a cabo acciones de incidencia política.
5.- Promover un cambio de hábitos en los países desarrollados.
6.- Asumir compromisos cercanos y concretos.
7.- Y contar con los pobres.
