HOMILÍA 21 DE AGOSTO DE 2017 La fe cristiana, la mayor parte de nosotros la hemos heredado; e.d., hemos crecido en un ambiente, en una familia donde se vivía y nos hemos ido haciendo cristianos casi sin darnos cuenta. Es el proceso normal de la fe que, lo mismo que la vida, se transmite de una generación a otra. Pero no es suficiente; además de recibirla, puesto que es un regalo, la hemos de personalizar, hacerla nuestra, no como un sombrero o una prenda de ropa que me pongo, sino como un órgano de mi propio cuerpo. Para ello, alguna vez, nos hemos de hacer la misma pregunta que Jesús hace a sus discípulos: ¿quién es Jesús? No ya lo que dicen los demás sobre quien Jesús, o lo que he leído, o me han enseñado, sino honestamente, lo que yo puedo decir por mí mismo, porque lo he experimentado sobre Jesús. Naturalmente que he tener como referente lo que dice el evangelio y la Iglesia sobre Jesús, y he de profesarlo tal cual porque es palabra inspirada, pero no basta repetir las fórmulas ya hechas, porque la fe sólo es tal cuando se encarna en una persona, cuando enraíza en ella, no superficialmente, sino cuando se hace parte de nuestro ser. o Sólo si conocemos como quien es realmente Jesús, podremos ser apóstoles suyos. Si le conocemos, si le amamos, si creemos en él, si nos hemos entregado a él.  Según la respuesta inspirada de Pedro, Jesús es “el Mesías, el Hijo de Dios vivo”; es decir, el enviado por Dios y esperado por el pueblo de Israel; más aún, el mismo Dios que se hace hombre en la persona de Jesús. o Es más que un profeta, que un maestro de moral, que un ejemplo de vida.  Si Pedro reconoce a Jesús como Mesías y como Hijo de Dios, Jesús le da a Pedro una nueva identidad y una nueva misión dentro del grupo de los Apóstoles y, por ende, dentro de la Iglesia que está por venir. Lo hace con tres imágenes, que conviene saber interpretar: o Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará: está llamado a ser el apoyo para sus hermanos, de forma que asegure la unidad entre los miembros de la comunidad. Teniendo en cuenta la confesión de fe que Pedro acaba de hacer, esa unidad hace fraguarse sobre la fe en Jesucristo, además de en el amor, a él y a los hermanos.  El cambio de nombre de Simón a Pedro Jesús le confiere una misión nueva y con ella, una nueva orientación de vida. o Te daré las llaves del Reino de los Cielos; aunque la lectura popular ha entendido esta expresión como que san Pedro tiene las llaves del cielo, en realidad se refiere al poder de gobernar la Iglesia de Jesús; él y sus sucesores, los que serán los obispos de Roma; e.d., los papas. o lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo: se refiere al poder de perdonar los pecados y de reintegrarlos en la Iglesia.  ¿Cómo podemos hacer para que esta confesión de fe de Pedro, que le es inspirada por el Espíritu Santo sea una confesión que, en el pleno sentido de la palabra sea una confesión mía? o Cuando decimos que sea una confesión de fe mía no queremos decir que me la haya dado yo a mí mismo; no; la fe, la recibimos como un don: don que debemos a la gracia de Dios, por lo que respecta al acto de creer, como don que recibimos a través de la Iglesia (los evangelios, el credo, la catequesis) en cuanto al contenido de lo que creemos. o ¿Cómo hacer que la fe de la Iglesia sea una fe asumida por mí? Jesús sólo puede ser conocido en el trato directo, personal con él; no sólo sabiendo de oídas de Jesús, sino por experiencia personal. Y ello a través de la oración, de la lectura de la Palabra de Dios, del estudio amoroso de la doctrina, de compartir y celebrar la fe en la comunidad cristiana, reflejando el amor de Jesús en nuestra vida, especialmente hacia los pobres. Así iremos descubriendo la identidad de Jesús, que se irá haciendo cada vez más nuestra propia identidad. QAS.

  • La fe cristiana, la mayor parte de nosotros la hemos heredado; e.d., hemos crecido en un ambiente, en una familia donde se vivía y nos hemos ido haciendo cristianos casi sin darnos cuenta. Es el proceso normal de la fe que, lo mismo que la vida, se transmite de una generación a otra. Pero no es suficiente; además de recibirla, puesto que es un regalo, la hemos de personalizar, hacerla nuestra, no como un sombrero o una prenda de ropa que me pongo, sino como un órgano de mi propio cuerpo. Para ello, alguna vez, nos hemos de hacer la misma pregunta que Jesús hace a sus discípulos: ¿quién es Jesús? No ya lo que dicen los demás sobre quien Jesús, o lo que he leído, o me han enseñado, sino honestamente, lo que yo puedo decir por mí mismo, porque lo he experimentado sobre Jesús. Naturalmente que he tener como referente lo que dice el evangelio y la Iglesia sobre Jesús, y he de profesarlo tal cual porque es palabra inspirada, pero no basta repetir las fórmulas ya hechas, porque la fe sólo es tal cuando se encarna en una persona, cuando enraíza en ella, no superficialmente, sino cuando se hace parte de nuestro ser.
    • Sólo si conocemos como quien es realmente Jesús, podremos ser apóstoles suyos. Si le conocemos, si le amamos, si creemos en él, si nos hemos entregado a él.
  • Según la respuesta inspirada de Pedro, Jesús es “el Mesías, el Hijo de Dios vivo”; es decir, el enviado por Dios y esperado por el pueblo de Israel; más aún, el mismo Dios que se hace hombre en la persona de Jesús.
    • Es más que un profeta, que un maestro de moral, que un ejemplo de vida.
  • Si Pedro reconoce a Jesús como Mesías y como Hijo de Dios, Jesús le da a Pedro una nueva identidad y una nueva misión dentro del grupo de los Apóstoles y, por ende, dentro de la Iglesia que está por venir. Lo hace con tres imágenes, que conviene saber interpretar:
    • Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará: está llamado a ser el apoyo para sus hermanos, de forma que asegure la unidad entre los miembros de la comunidad. Teniendo en cuenta la confesión de fe que Pedro acaba de hacer, esa unidad hace fraguarse sobre la fe en Jesucristo, además de en el amor, a él y a los hermanos.
      • El cambio de nombre de Simón a Pedro Jesús le confiere una misión nueva y con ella, una nueva orientación de vida.
    • Te daré las llaves del Reino de los Cielos; aunque la lectura popular ha entendido esta expresión como que san Pedro tiene las llaves del cielo, en realidad se refiere al poder de gobernar la Iglesia de Jesús; él y sus sucesores, los que serán los obispos de Roma; e.d., los papas.
    • lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo: se refiere al poder de perdonar los pecados y de reintegrarlos en la Iglesia.
  • ¿Cómo podemos hacer para que esta confesión de fe de Pedro, que le es inspirada por el Espíritu Santo sea una confesión que, en el pleno sentido de la palabra sea una confesión mía?
    • Cuando decimos que sea una confesión de fe mía no queremos decir que me la haya dado yo a mí mismo; no; la fe, la recibimos como un don: don que debemos a la gracia de Dios, por lo que respecta al acto de creer, como don que recibimos a través de la Iglesia (los evangelios, el credo, la catequesis) en cuanto al contenido de lo que creemos.
    • ¿Cómo hacer que la fe de la Iglesia sea una fe asumida por mí? Jesús sólo puede ser conocido en el trato directo, personal con él; no sólo sabiendo de oídas de Jesús, sino por experiencia personal. Y ello a través de la oración, de la lectura de la Palabra de Dios, del estudio amoroso de la doctrina, de compartir y celebrar la fe en la comunidad cristiana, reflejando el amor de Jesús en nuestra vida, especialmente hacia los pobres. Así iremos descubriendo la identidad de Jesús, que se irá haciendo cada vez más nuestra propia identidad. QAS.
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