Convertíos y creed en el Evangelio

Os haré percadores de hombres

 

–3º Dom. t.o.:  26 enero 2015: Convertíos y creed en el Evangelio

–Las cosas tienden a seguir moviéndose por la fuerza de la inercia y las personas tendemos a seguir moviéndonos por la fuerza de la rutina. Pero de vez en cuando, Dios quiere sacudirnos un poco y manda a alguien que nos remueva un poco. Es el caso de Jonás y el caso de Jesús.

–Jonás recibe el ingrato encargo de Dios de tener que ir a Nínive a pregonar la destrucción. No le hace mucha gracia, pero finalmente va, aunque sea a regañadientes. Con pocas ganas repite: “Dentro de 40 días Nínive será destruida”. El que ha de llamar al arrepentimiento, paradójicamente, predica como arrepentido. Aunque propiamente, Jonás no llama al arrepentimiento: sólo anuncia la destrucción de Nínive; pero los habitantes de aquella ciudad reaccionan, se convirtieron a Dios de su mala vida y Dios se compadeció de ellos y se arrepintió de su amenaza.

o   Nunca se sabe qué hubiera pasado si no hubieran reaccionado, pero, por si acaso, mejor no probarlo.

o   Es un episodio, en el que Dios ya manifiesta su preocupación, no sólo por el pueblo de Israel sino por otros pueblos también. En Jesús se hará más patente esa voluntad de extender su salvación a todos los pueblos.

–Jesús además cambia el tono del anuncio: no pregona una condena y una destrucción como Jonás, sino una buena noticia, una oportunidad: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”

o   Lo que Jesús anuncia no es la destrucción de la humanidad, de una ciudad, sino la destrucción de lo que oprime a la persona

–Jesús, después de ser bautizado en el Jordán y de pasar 40 días por el desierto, comienza su actividad pública en la Galilea de los paganos, en torno al lago de Genesaret. Lejos de la capital y de cualquier gran centro, empieza en lo que el papa Francisco llamaría la periferia.

–La Buena noticia (el Evangelio) que Jesús anuncia es el comienzo del Reinado de Dios en nuestro mundo; es decir, el compromiso de Dios de hacer efectiva su misericordia, su liberación, su salvación a nuestra humanidad. Y esto comienza a ser realidad, como en una onda expansiva, a partir del centro que es Jesús; en sus palabras y en sus gestos.

–Pero ese nuevo orden que es el reinado de Dios no se nos impone, no se hace real automáticamente sino que pide, exige  que lo acojamos libremente, que lo aceptemos. Nos pide que creamos en él, lo cual es tanto como decir que estemos dispuestos a cambiar de mentalidad, nuestra mirada, nuestros criterios, nuestro estilo de vida: que nos dejemos imbuir por el anuncio de Jesús. Vivir de cara a Dios, vivir como Dios quiere. Dejarnos transformar por él. Así se hará efectivo en nosotros el anuncio siempre novedoso de Jesús.

o   Creer en el Evangelio es en definitiva, dejar que Cristo viva en nosotros, hacernos nosotros cristos vivientes

–En el pasaje de hoy Jesús llama a dos parejas de hermanos, unos tras otros.

o   Todos son pescadores, gente trabajadora, de pueblo, sencilla.

o   Ante la llamada de Jesús nos dice lo que dejan: sus redes, es decir, su trabajo, su medio de vida, y su familia. Inmediatamente, sin excusas no contemplaciones, lo que da a entender la autoridad de Jesús y lo apremiante del momento y de la misión.

o   Y ¿para qué los llama? Hablándoles en un lenguaje que les podía resultar familiar, les llama a ser “pescadores de hombres”. Ya no pescarían en el lago sino en tierra; y ya no con redes sino con la predicación; su nueva barca sería la Iglesia.

–La llamada de Jesús a seguirle es un regalo, pero un regalo que hemos de acoger con una actitud de conversión. El salmo nos invita a pedir: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas”. Lo cual supone dejar nuestros caminos de egoísmo, de interés, de vanidad, de resentimiento.

–Es lo que hemos pedido en la oración inicial: “Ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo”. QAS.

Evangelio según san Marcos (1,14-20), del domingo, 25 de enero de 2015

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,14-20):

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Palabra del Señor

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